Marvin Benard luchará nuevamente por un puesto en las Grandes Ligas, este año con los Medias Blancas de Chicago.

Inquebrantable

Edgard Tijerino M. [email protected] No será nunca un ídolo deportivo, pero tiene garantizado ser un ejemplo. Por supuesto, eso tiene un gran significado. Es algo que no aparece en los box scores, pero que trasciende más allá de las cifras. Pienso que las nuevas generaciones de atletas nicas, deberían tener un poster de él y […]

Edgard Tijerino M. [email protected]

No será nunca un ídolo deportivo, pero tiene garantizado ser un ejemplo. Por supuesto, eso tiene un gran significado.

Es algo que no aparece en los box scores, pero que trasciende más allá de las cifras.

Pienso que las nuevas generaciones de atletas nicas, deberían tener un poster de él y tratar de seguir sus huellas.

La batalla de Marvin Benard por sobrevivir deportivamente, continúa. Quienes hemos estado pendientes de su ejecutorias, no deberíamos estar sorprendidos.

Él es inquebrantable. Puede doblarse frente a los factores adversos y los pronósticos siniestros, pero se endereza, de cualquier manera, sin importar los riesgos. Lo ha demostrado reiteradamente.

Cuantas veces ha dicho, con una humildad conmovedora: “Yo no estaba programado para estar aquí en las Grandes Ligas. Me seleccionaron en una ronda 50 sin muchas expectativas, y llegué, me establecí por un buen rato y logré un buen contrato. ¿Qué más puedo pedir, si muchos mejor valorados, se han quedado cortos?”.

Saltando encima de discusiones sobre sus habilidades con la maestría de Edwin Moses, fue primer bate y jardinero central en un equipo tan competitivo como los Gigantes.

Después de verlo estar entrando y saliendo de la lista de inhabilitados mientras se acercaba al vencimiento de un contrato de tres años con los Gigantes, consideré que, habiendo permanecido oculto por estadísticas oscuras, no podría provocar el menos interés como Agente Libre.

Marvin, que siempre ha utilizado la objetividad como bandera, debe haber reflexionado sobre eso. Y decidió lanzarse al ruedo, a someterse a prueba, a decir la verdad sobre lo que podía ofrecer en el futuro inmediato.

Y fue a Dominicana para jugar con otros Gigantes, los de Cibao, y contribuir a su avance hacia la final, que perdieron ante el compacto y poderoso Licey.

De pronto, parecía como si nunca se hubiera visto afectado por problemas. Sus rodillas no crujían y sus músculos estaban respondiendo. Ese jonrón que hizo rugir Cibao, obligó a Stan Javier a saltar de su butaca.

Finalmente los Medias Blancas se sintieron atraídos hacia esa recuperación. Quizás no estén pensando en volver a verlo anotar más de 100 carreras, conectar más de 150 hits y funcionar como un lead-off eficiente, pero esperan verlo mostrarse de cuerpo entero en el entrenamiento y convencerse que todavía puede ser útil en diferentes aspectos del juego que tanto lo apasiona.

Frente a este nuevo reto, por la vía intangible del cariño, todos quisiéramos empujarlo en cada turno al bate, fildeo o corrido.

Por su voluntad y sacrificio, Napoleón Bonaparte hubiera querido tenerlo como combatiente de primera fila.

Pase lo que pase, Benard nos enorgullece, no por sus cifras, ni por su resplandor artístico, sino por su actitud.

El hace valer las frases de Victor Hugo: el futuro tiene muchos nombres; para los débiles es inalcanzable; para los temerosos es lo desconocido; pero para los valientes es la oportunidad.

A CRUZAR DEDOS

Marvin Benard estará colocado debajo de la lupa del microscopio de los Medias Blancas mientras nosotros cruzamos los dedos.

Se supone que a los 34 años, podés estar atravesando por tu mejor momento. Claro, siempre que te conserves saludable, lejos de los quirófanos. A esas edad, Sandy Koufax estaba retirado victima de la artritis.

Con menos de 200 turnos en la suma de esfuerzos de las dos últimas temporadas a lo largo de sólo 111 juegos, Benard se vio reducido a 2 jonrones, después de 16, 12 y 15 en las temporadas de 1999, 2000 y 2001, anotando 16 y 5 carreras.

Robó 25, 27 y 22 bases en 1996, 1999 y el 2000, y su total de 454 ponches tiene una relación llamativa con sus 441 carreras anotadas. Llegó a conectar 36 dobles y empujó 64 carreras en la misma campaña.

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