Cirilo Otero [email protected]
El señor pPresidente de la República pidió “un aplauso para el pueblo nicaragüense” en su mensaje a la nación del viernes en la tarde. En su comparecencia, el señor Presidente informó de la decisión del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional de llevar a Nicaragua al punto de culminación en el proceso de la Iniciativa de Países Pobres Muy Endeudados (HIPC por sus siglas en inglés)
Al parecer el señor Presidente estima que el pueblo de Nicaragua ha logrado un triunfo con la cancelación de hasta un 87 por ciento de su deuda externa elegible. Efectivamente, de acuerdo con el señor Presidente, porque para llegar a este momento se han implementado planes de ajuste estructural, en los últimos quince años. Es decir que al pueblo de Nicaragua la condonación le cuesta:
Casi un millón de niñas y niños menores ya no van a la escuela.
Ahora sólo hay 2,999 médicos en el Minsa para atender a una población de cinco millones de personas.
No se invierte en viviendas, hay déficit de medio millón.
No se le asigna un presupuesto digno ni legal a las universidades.
No se le asigna un presupuesto real ni legal a las municipalidades.
Se compra ropa usada, ya no hay dinero para ropa nueva.
Los maestros de primaria y secundaria devengan un salario promedio mensual de novecientos córdobas.
Hay 450 mil niños y niñas menores de dieciocho años como trabajadores.
55 mil mujeres trabajan en maquila textil con salario de sobrevivencia para mitigar el hambre.
La energía eléctrica es cada día más costosa y menos eficiente.
Se privatizaron las comunicaciones, la energía eléctrica, los puertos, aeropuertos, el servicio de transporte colectivo, es decir, ya no hay nada que vender.
Hay más prostitutas/os menores de edad.
Se regalan los niños y niñas a hogares en el exterior, por hambre.
Las personas mueren por enfermedades que son previsibles.
Los hospitales y centros de salud no tienen medicamentos, ni doctores.
La calidad de la educación es cada día menos importante y no se educa para lo que se hace ni se produce en el país.
Más de medio millón de compatriotas trabajan en el exterior para mandar remesas familiares y que sus familias puedan comer.
El pueblo de Nicaragua merece algo más que un aplauso. Merece consideración, atención, equidad, transparencia, respeto, educación oportuna, salud integral, vivienda, seguridad ciudadana, información, oportunidades, crédito agrícola, mejores caminos, soberanía alimentaria y nutricional, recreación para jóvenes y adultos.
El pueblo de Nicaragua merece que sus tomadores de decisiones miren hacía dentro del país, vean y estimulen las capacidades de las fuerzas productivas. De los productores de alimentos, de las mujeres productoras agrícolas, de todos aquéllos y aquéllas que las líneas del comercio internacional excluyen y dicen que no tienen capacidad de participar en los aglomerados, y que por lo tanto deben migrar a dónde están los que sí pueden. Eso y algo más merece el pueblo de Nicaragua.
Hoy que se ha logrado un triunfo hay que preguntar a la administración Bolaños: ¿en qué y cómo se van a invertir los recursos financieros liberados con la condonación de la deuda externa? ¿Cómo se va a medir el impacto de ese triunfo?
El autor es sociólogo e investigador.