Eduardo Enrí[email protected]
Esta semana los nicaragüenses recibimos una excelente noticia: finalmente, después de más de 10 años de estarlo buscando, logramos el perdón de la mayor parte de la deuda externa que creció en un mil por ciento durante el régimen sandinista. De 12 mil millones de dólares que debía Nicaragua al mundo, ahora pasará a deber “solamente” dos mil quinientos millones. Mil millones más de lo que se debía en tiempos de Anastasio Somoza.
Este perdón debería dejarnos más recursos para la inversión pública y social, que debería elevar el nivel de vida de los nicaragüenses.
También recibimos una buena noticia: acaban de descubrir en nuestro suelo un nuevo recurso natural: 200 mil toneladas métricas de titanio, un raro metal que es muy usado en la tecnología moderna y cuyo precio internacional anda cercano al del oro.
Eso, combinado con la firma del Tratado de Libre Comercio Centroamérica – Estados Unidos, el exitoso plan Libra por Libra que está ayudando a elevar la producción de granos básicos, y el espíritu anticorrupción que se ha puesto de moda, se podría decir que el futuro inmediato está bastante positivo. Siempre hay nubarrones, pero la balanza se inclina hacia lo positivo.
¿Pero cómo traducir ese futuro inmediato positivo en un futuro positivo a más largo plazo y de ser posible permanente?
Ese es un trabajo que ningún gobierno, ningún régimen, ningún caudillo puede garantizar. Esa debe ser una decisión de Nación, de sociedad, de conglomerado. Pero eso no basta, porque una decisión de todos puede ser morirnos de hambre y sólo por eso no tiene que ser buena. Debe ser la decisión correcta.
Porque no es ni siquiera el crecimiento económico sostenido lo que va a garantizar el desarrollo. Ese crecimiento puede ser circunstancial y caerse al cabo de cierto tiempo, como ocurrió durante el régimen de Somoza.
Nicaragua puede estar hoy prácticamente sin deuda, pero nos podemos volver a endeudar, y todavía más de lo que nos endeudamos ahora. Puede tener hoy titanio, y mañana petróleo en abundancia, pero eso se acaba, y aunque nos dure por décadas, no garantiza que el nicaragüense saldrá de la pobreza. ¿Acaso no hemos exportado millones de onzas de oro y en el Triángulo Minero ni siquiera hay luz eléctrica?
Se ha dicho hasta la saciedad, los países que logran un desarrollo permanente no son los que tienen más recursos naturales. Son los que se enfocan en convertir a sus pobladores en ciudadanos que saben pensar. Y ahí es donde se tiene que enfocar Nicaragua ahora si quiere salir de la pobreza: en educar al individuo, darle las herramientas para que sepa pensar, tomar decisiones, trabajar honradamente y acatar las reglas.
El proceso de crear ciudadanos tal vez no es tan excitante como conquistar el poder a través de una revolución, o derrocar a esa revolución. Tampoco se compara en generación de adrenalina con el encarcelamiento de un caudillo corrupto (ya no digamos dos) pero es la única opción para lograr el desarrollo permanente, porque el progreso no lo llevan a los pueblos los iluminados, sino cada individuo haciendo su parte, y para eso necesita las herramientas de la educación y el discernimiento.