La gloria se consigue con trabajo

Thomas W. West

Hay pueblos que son dignos de admiración por su acendrado nacionalismo. Europa quedó devastada después de la Segunda Guerra Mundial. La tragedia que fue el holocausto, los pavorosos e inhumanos campos de concentración y de exterminio que nadie podrá olvidar jamás. Y la Kirstall Nacht o la “noche de los cristales” de los empresarios judíos en Berlín. Los japoneses recuerdan aún que dos ciudades fueron arrasadas por dos poderosas bombas atómicas: Hiroshima y Nagasaki, etc., etc.

Todo comenzó con un cultivo permanente de una autoestima nacional. Se habla del “milagro alemán” y del “milagro japonés”. Nunca jamás existieron tales susodichos milagros. Lo que hizo posible que dos pueblos derrotados y destruidos con deudas de guerras se levantaron en tiempo récord fue su orgullo nacional. Individuos diligentes multiplicaron todas las ayudas que recibieron.

Si los alemanes y los nipones pudieron levantarse de sus postraciones, podremos y deberíamos hacer lo mismo. ¡Viva la Patria! Creamos en Nicaragua que siendo pequeña como dijo nuestro genial poeta Rubén Darío: “En tamaño sea grande en sentimientos y acción”.

No dejemos que se deteriore poco a poco permitiendo el avance de todos los problemas de actualidad. Ofrezcamos a la Patria una oración de agradecimiento desde lo más recóndito de nuestro corazón. Por ser nuestro querido pedazo de cielo, por darnos suelos fértiles, ríos caudalosos, montañas majestuosas, recursos renovables, lluvias en abundancias, lagos y lagunas bellas, islas y playas bellísimas y gente sencilla y hospitalaria. En fin, por todas las bendiciones de que gozamos en este pedazo de terruño querido.

Solicitemos las cosas que necesitamos apremiante: por la apertura de nuevas fuentes de trabajos, mayores inversiones nacionales y extranjeras; para combatir el desempleo; para que disminuya la corrupción y la deshonestidad en todos los niveles: familiar, económica y política; por una mejor educación de calidad y salud.

Para aminorar la violencia, la drogadicción y el sida, por la falta de valores morales, éticos y religiosos y por la apatía de los cristianos católicos.

Conciudadanos todos: el porvenir nos ofrece grandes sorpresas y esperanzas, siempre que el hombre cumpla con su misión en el mundo y utilice bien sus talentos, pero cuando nos sentamos a esperar o vagabundear durante los cortos días de su existencia los resultados son funestos para la Patria.

Trabajemos pues, con toda el alma. La gloria de los países desarrollados ha sido siempre el trabajo arduo y constructivo.

No perdamos el tiempo lastimosamente, ya que el “tiempo vale oro”. Aceptemos el trabajo como la oportunidad de realizar y contribuir a las riqueza de Nicaragua ¡Patria querida!, ¡Creemos en ti!, ¡Te amamos entrañablemente y queremos darte lo mejor de nuestro ser!

¡Oh Dios de todas las naciones de la tierra! ¡Ten compasión de todos los nicaragüenses! Llenadles de verdad y paz de amor, de trabajo y honestidad, purificadlos de todo mal.

Confirma su amor y gracia por medio del Espíritu Santo. Haz que sean individuos generosos que sepan sacrificarse por los demás y que tengan los mismos sentimientos de auténticos patriotas cristianos nicaragüenses.

Como su hijo Cristo Jesús.

El autor es hermano cristiano de La Salle.

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