Con el apoyo de la Cumbre

Douglas [email protected]

La intención de los presidentes de los países del Continente Americano, de reducir a la mitad el costo del traslado de las remesas familiares, a más tardar en el año 2008, es una buena intención, pero sólo será eso mientras las empresas privadas de cada país no entren al negocio.

Incluso, las empresas financieras nacionales tendrían que actuar en sociedad con sus similares de otros países, para competir con compañías poderosas que tienen años en el mercado y operan a nivel mundial.

Los gobiernos de ninguna manera pueden interferir en el mercado, para establecer cuánto más o cuánto menos se puede cobrar por transferir una remesa de Miami a Managua, o de Los Ángeles a San Salvador. Eso lo regula la competencia y la tecnología.

El apoyo que pueden dar los gobiernos es facilitando el acceso de tecnología de comunicación en sitios alejados, donde por falta de teléfono o correo electrónico es difícil en este momento instalar una ventanilla para el pago de envíos de dinero desde el exterior.

El costo del envío de remesas, en países como Nicaragua, suele ser mayor que la comisión que cobra la empresa que hace el traslado, porque el familiar que va a retirar el dinero tiene, a veces, que recorrer distancias largas hasta la ciudad donde está la oficina. Eso significa un costo adicional en tiempo y dinero.

Las empresas de capital nacional que quieran entrar al negocio de traer remesas, de Estados Unidos o Costa Rica, para competir con las grandes tendrán que bajar la tasa de comisión y ubicar oficinas o ventanillas lo más cerca posible del destinatario.

Para una empresa tradicional eso puede significar ganar menos y gastar más, aunque para las microfinancieras podría ser una oportunidad de captar clientela en áreas rurales alejadas, donde la emigración es creciente.

En diciembre pasado, tres mil campesinos habían salido de varias comarcas del departamento norteño de Jinotega hacia Costa Rica, para cortar café y después laborar en otras cosechas agrícolas. En esa ocasión, una agencia de viajes de la ciudad de Jinotega informó que por su oficina pasaban cada mes unos 60 mil dólares en remesas familiares.

En El Salvador, país que durante el 2003 recibió 2,105 millones de dólares en remesas, una red de cooperativas (Fedecase) se metió con éxito a ese negocio y en cierto momento hizo que Western Union bajara la comisión de 15 a 12 por ciento. Ahora esas cooperativas cobran el 7.5 por ciento por transferir dinero, porque se han aliado con una red de pequeñas empresas en Estados Unidos.

Los presidentes reunidos la semana pasada en la Cumbre de las Américas, en México, reconocieron que las remesas son una fuente importante de capital en muchos países y, por eso, se comprometieron a promover “la competencia entre los prestadores de estos servicios, la eliminación de obstáculos normativos y otras medidas restrictivas que afectan el costo de estas transferencias”.

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