Los sufijos y ¡el doctorazo!

Róger Matus Lazo*

La formación de palabras mediante sufijos o partículas que se le agregan al final es un procedimiento de gran vitalidad, que tiene mucha importancia en el proceso de creación de muchos neologismos. Se trata del recurso derivativo de que dispone la lengua para la formación de otras palabras, utilizando la misma raíz o lexema.

Los sufijos se usan en la derivación para cambiar la categoría de una palabra, son productivos en la indicación de género y número y en la formación de diminutivos, aumentativos, despectivos, entre otros.

El habla nicaragüense es rica en la formación de palabras mediante la sufijación. He aquí una muestra: – ada: fachentada (= jactancia, presunción), -ado: sobaqueado (= baile popular en que se agitan rítmicamente los brazos), -aje: aguaje (= aguacero), -al: tripal (= tripería, conjunto de tripas), -ante: escuelante (= estudiante), -ar: jorobar (= fastidiar, molestar), -ario: locario (= alocado, descocado), -ate: botarate (= gastón, manirroto), -azo: batazo (= robo, hurto), -azón: humazón (= humareda), -cimiento: decaicimiento (= decaimiento), -ción: morición (= decaimiento), -dor: despalador (= talador), – dora: aplanadora (=la fuerza política o la de una institución, gremio o grupo que se impone en un proceso deliberativo o eleccionario), -ear: cañonear (= ofrecer dinero para conseguir la voluntad de alguien), – eco: babieco (= tonto, bobo), -encia: boludencia (= holgazanería), -era: ganchera (= mujer que esconde entre las piernas cosas robadas de un establecimiento), -ero: churequero (= recolector de desperdicios del basurero La Chureca), -esco: peliculesco (= de película, extraordinario), -eza: ridiculeza (= ridiculez), – iar: santoliar (= administrar el sacerdote los santos óleos), -ida: mordida (= soborno), -ido: pujido (= acción y efecto de pujar), -illa: colilla (= resguardo de un recibo, boleto, etc.), -illo: culillo (= miedo), -ín: vueltín (= paseo corto), -ina: relojina (= relajo, desorden), -ismo: valeverguismo (= indiferencia, irresponsabilidad), -ista: marrullista (= acostumbrado a hacer trampas), -ón: reventón (= fiesta popular con baile y licor), -ona: llorona (= conjuntivitis), -ora: quebradora (= influenza), -orio: mortorio (= animal o carne en descomposición), -oso: tufoso (= engreído), -eta: pitoreta (= especie de pito de sonido agudo), -ote: maridote (= marido ejemplar), -udo: cascarudo (= sinvergüenza, descarado), -ura: ponchadura (= pinchadura).

El sufijo –azo es uno de los más productivos en el habla nicaragüense. Comencemos con la idea de golpe: pencazo, mecatazo, rielazo, guasmazo, güevazo, cachimbazo. Pero estos sustantivos se emplean también para indicar un trago de licor: bolillazo, rielazo, cachimbazo, guasmazo, farolazo, pijazo, taconazo, mielazo. El más expresivo es guaspirolazo.

Un mamonazo es un golpe dado con un mamón, lanzado simplemente con la mano; pero puede ser también una pedrada: fue mamonazo y medio, por nada le raja la jupa. Y al contrario, un lajazo no necesariamente es una pedrada, como lo demuestra este ejemplo tomado de un diario local: “Herrera le dejó ir un ‘lajazo’ a Alejandro Fiallos, líder de la corriente disidente que pretende la creación del nuevo partido liberal…”

Y es que el hablante nicaragüense olvida constantemente la etimología popular, particularmente con palabras que designan golpes. Por eso, el cachetazo no necesariamente es el golpe propinado en el cachete; ni el trompazo, el golpe en la boca. Del mismo modo, un chorejazo (choreja= oreja) ha pasado a ser, de una jalada de oreja a un llamado de atención, una reprimenda. Una pelea a puño cerrado entre dos gordos, es un duelo a timbazos (= panzazos): se fajaron a timbazo limpio. Asimismo, la caída estrepitosa de una persona obesa es un timbazo, aunque haya caído de nalgas: Pero las caídas, sobre todo estrepitosas, tienen también otras palabras más expresivas: marimbazo, tamalazo y sobre todo platanazo

Por analogía con el significado de golpe se han formado palabras como chiripazo (= golpe de suerte) y chiflonazo (= golpe del viento). O el tamalazo (robo) que no es más que el golpe dado por el tamal (ladrón).

El golpe de un fuerte aguacero el nicaragüense lo describe con términos abundantes y expresivos. En Chontales prefieren: cuerazo, mecatazo, reatazo y coyundazo. Pero en general son comunes: güevazo, pencazo, pijazo, ramalazo, rielazo, turcazo y otros.

El continuo alejamiento del valor etimológico con algunos aumentativos nos lleva a significados curiosos: los términos profesorazo, carrazo, notaza, amigazo, hermanazo —por ejemplo—, no aluden a tamaño. Simplemente expresan un matiz de cualidad. Un güevonazo seguramente es un individuo con las gónadas grandes y pesadas, porque es un perfecto haragán. Pero culazo es la mujer extraordinariamente atractiva: te gastás tremendo culazo.

El sentido despectivo mediante esta sufijación se advierte en términos como: bandidazo, leperazo, maleantazo, malditazo… Un tapazo es un chisme, un cañonazo es un soborno, un chamarrazo es una farsa o engaño, un libretazo es una decisión que se toma sin consultar a un superior, un campanazo es una advertencia o una alerta, y un dedazo es un nombramiento de a dedo: “Dedazo fue un ‘tiro por la cultata’ para Alemán, dice Aguirre Sacasa. (LA PRENSA, 26 de julio de 2003, p. 3A)

Pronto el sufijo en su evolución semántica pasó a significar fraude, robo con engaño. Y el cuento ha sido el mismo, porque lo único que ha variado es el objeto con el cual se urde la trampa: billetazo, loterillazo, cadenazo, sirvientazo.

Este sufijo, como se ve, es inagotable, sobre todo cuando se quiere designar los fraudes, como el aduanazo o los tarjetazos: … “aparecieron terrazas, transferencias, camionetazos, telefonazos, petronicazos, tarjetazos, bancazos, inserazos y todos los ‘azos’ habidos y por haber”. (LA PRENSA, 9 de septiembre de 2003, p. 13A).

Hace algunos años llegó a un pueblo de Chontales un individuo que se hizo pasar por doctor. Pidió dinero por las consultas, hizo contratos por curas a corto, mediano y largo plazo, y cuando reunió buen dinero, simplemente desapareció. Aquel día, el pueblo entero amaneció con la expresión en los labios: ¡Nos dieron el doctorazo!

* El autor es académico de la Lengua.

Editorial
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