Las ocho amenazas

Eduardo Enrí[email protected]

A Nicaragua la amenazan terremotos, erupciones, deslizamientos, maremotos, huracanes, inundaciones y sequías. Siete fenómenos naturales que nos han afectado en los últimos 30 años y nos hacen recordar las bíblicas siete plagas de Egipto.

Sin embargo, hay todavía una plaga más, la apatía hacia estos fenómenos que nos hacen presa fácil de los mismos. La falta de interés en el tema de la prevención de desastres es palpable. Ayer se realizó una presentación sobre estas amenazas a los dueños y directores de los medios de comunicación más importantes. Sólo LA PRENSA llegó.

Estoy seguro que si en lugar de los desastres se hubiera estado discutiendo algún tema político el lleno habría sido completo.

El desinterés es generalizado, según Claudio Gutiérrez, director del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), los managuas disponen de un detallado mapa de fallas de la capital que les permitiría saber qué tan cerca de una falla viven. El mapa está disponible en Internet y también lo tienen a la venta, pero las consultas a la red son esporádicas y tan sólo han vendido 180 de ellos.

La ignorancia también es generalizada. Según una encuesta realizada en el año 2000, el 44 por ciento de los nicaragüenses atribuye los desastres naturales a “la furia de la naturaleza”, otro 24 por ciento cree que son “un castigo de Dios”; mientras sólo el 17 por ciento reconoce que los desastres les afectan porque viven en una zona de alto riesgo.

El factor de las siete amenazas más la ignorancia y la apatía son una combinación perfecta para que los fenómenos naturales se conviertan en grandes desastres. Son la diferencia entre un terremoto en California que deja seis muertos y otro muy similar en magnitud y profundidad en Irán que deja 30 mil muertos.

Aquí, asegura Gutiérrez —para dar sólo el ejemplo de los terremotos—, donde nuestras principales ciudades, están ubicadas en la zona de alta amenaza sísmica y volcánica; y donde el área que ocupa nuestra capital tiene 175 kilómetros lineales de fallas confirmadas, todo mundo debería tener una alta conciencia de prevención.

Sin embargo, aún en el mismo Gobierno es baja. Por Ley, al Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) se le asigna un “fondo” para desastres que en los dos años que se ha asignado ha sido de ocho millones de córdobas. Aunque esa cantidad no daría ni para el combustible en caso de un verdadero desastre natural, lo realmente patético es que ni siquiera es acumulable año con año y que según el secretario ejecutivo del Sinapred, Cristóbal Sequeira, la verdad es que es un fondo “virtual”, pues ni siquiera está a disposición del Sistema.

Es cierto que las limitaciones económicas son muchas, pero también la amenaza es real, así que cuando menos el fondo debería ser acumulable.

Pero a pesar de sus limitaciones y su corta vida —existe desde el año 2000— el Sinapred ha logrado organizar, capacitar y precariamente equipar a 75 comités municipales de emergencia. Y el Ineter puede asegurar que Nicaragua cuenta con la red de vigilancia sísmica más amplia de Centroamérica.

Si la gente sólo construyera sus viviendas de la forma segura que indica la cartilla del Sinapred, donde explica cómo se puede edificar hasta la vivienda más humilde, miles de vidas se salvarían en el próximo terremoto. Porque de eso sí podemos estar seguros, tendremos otro terremoto, puede ser hoy o en 30 años, pero sufriremos otro, y lo único que podemos hacer es estar preparados.

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