La nomenclatura sandinista

Julio Ignacio Cardoze

El sandinismo y cualquier corriente política o persona que tenga una opción para la nación, tiene derecho a participar. Igualmente como la ciudadanía debe tener oportunidad de escoger, con libertad, en una democracia. Pero: ¿quiénes mangonean nuestro destino? ¿cómo y por qué? La nomenclatura sandinista, Daniel Ortega y su grupito, (aparátchik), que controla el FSLN, de movimientos, propósitos y existencia oscuros y subterráneos, son comparables con un témpano, del cual vemos lo que emerge y sólo buceando podríamos conocer el resto bajo la superficie.

Hay interrogantes como: ¿de qué viven? De origen económico modesto, nunca trabajaron en profesión u oficio que les garantice rentas para mantener la vida que disfrutan.

Gozan placeres exclusivos de la élite burguesa tercermundista que antes criticaron. Viven como sultanes; joyas, Cartier, Rolex, finos licores, vacaciones en el extranjero, mansiones, quintas de veraneo, haciendas, ganado, agricultura, vehículos europeos, choferes, sirvientes; son propietarios y accionistas de negocios, que no son producto, ni del sudor de su frente, ni de herencia familiar. Manosean el Estado, disponen de la Policía y el Ejército, y deciden la suerte de la nación que los soporta sin resignarse. Todo a cuenta de su revolución.

Otra interrogante es su competencia, (más bien incompetencia), fácil de suponer. No se les conoce, experiencia o preparación académica o profesional que los capacite para decidir la fortuna de millones de personas, y de un país, que manejan con amenazas.

¿A quién representan? ¿cuándo el pueblo les cedió incondicionalmente la soberanía para hacer y deshacer a su gusto, si más bien han sido repelidos abrumadoramente en procesos electorales?

A ellos les interesa el voto pero no la opinión del pueblo, cuyas penurias y miserias usan para su provecho político y lucro personal. Por sus hechos aseguramos que no representan más intereses que los propios, y sus actitudes antipatrióticas obedecen a conveniencias exógenas. Muchos analistas, entre ellos ex sandinistas, sostienen, que si alguna vez se identificaron con el pueblo ya no lo hacen más.

Trasladados a chupar el presupuesto de la Asamblea Nacional, donde pisotean, machacan y trituran la institucionalidad y el Estado de Derecho, por los que se sacrificaron miles de muertos, afianzan su parasitismo, y terminan haciendo su voluntad. Inducen la justicia, ponen y quitan magistrados. Han creado, en la Asamblea, un país legal a su servicio, arriba de Nicaragua, el país real. Pseudo políticos sin vocación patriótica, no viven para la política sino que viven de la política.

Con los descalabros electorales propinados por el pueblo a Daniel Ortega, parecían cumplidas las esperanzas de librarse de los más crueles opresores jamás padecidos. Pero no fue así. A pesar de sus crímenes, impunes, siguen mandando; sin escrúpulos, sin rendir cuentas, a la bulla, con asonadas, creando zozobra, sembrando cizaña, dividiendo, soliviantando, chantajeando, con pactos y repactos; fomentando la corrupción, el desgobierno, y ofreciendo violencia como principal argumento.

Hace falta tomar conciencia de la situación, no tolerarla más, o nunca saldremos adelante.

Es una vergüenza que estemos en manos de este aparátchik que es una amenaza hasta para su mismo partido, al que han corrompido y despedazan poco a poco, como hacen con Nicaragua y la política, y son un freno para las aspiraciones de sus propios correligionarios y de la nación.

El autor es jurista

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