La Cumbre de Monterrey

Roman, Times, serif»>
La Cumbre de Monterrey





El presidente Enrique Bolaños está en Monterrey para participar en la Cumbre Extraordinaria de las Américas, que se celebra hoy y mañana en esa ciudad del Estado de Nuevo León, México.

Esta cumbre es extraordinaria porque la siguiente, después de la que se celebró en Québec, Canadá, en 2001, debía celebrarse hasta en 2005 en Buenos Aires, Argentina. Y cabe suponer que la celebración de una cumbre extraordinaria se debe a la nueva y compleja situación creada por la guerra del terrorismo internacional contra la libertad y la democracia, que comenzó el 11 de septiembre de 2001 con los ataques genocidas contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington.

De modo que esta cumbre extraordinaria habría sido solicitada por Estados Unidos para recabar apoyo y solidaridad en la lucha contra la agresión del terrorismo internacional, habida cuenta que la nación más afectada es precisamente EE.UU., por su carácter y reputación de paradigma de la libertad y baluarte de la democracia en el mundo.

Además Estados Unidos, debe estar muy interesado en discutir sobre la lentitud y los obstáculos —la mayoría injustificables— a las alianzas de libre comercio internacional, que es el eje de la estrategia estadounidense de la lucha contra la pobreza en el hemisferio occidental, y en todo el mundo, mediante la expansión de las relaciones comerciales, el crecimiento económico, más inversiones de capital y trabajo, y apertura de fuentes de empleo permanente y productivo.

Pero al parecer la Cumbre Extraordinaria de Monterrey se limitará a examinar un tema que es ordinario y recurrente en todas las cumbres: “El crecimiento económico con equidad, desarrollo y gobernabilidad democrática”. Además de que sobre esto hay innumerables declaraciones y acuerdos que jamás se han cumplido y que ningún político latinoamericano cumpliría, a menos que signifiquen recibir más dólares estadounidenses.

Según las informaciones previas al comienzo de la Cumbre de Monterrey, en su agenda no figuran los temas de la lucha contra la agresión del terrorismo, ni el ALCA. Y ni siquiera se asegura que serían mencionados en la Declaración de Nuevo León, como se llamará el documento oficial que saldrá de esta reunión extraordinaria de los jefes de Estado y Gobierno de las Américas.

Y la razón por la cual los temas cruciales del terrorismo y el ALCA quedarán fuera de agenda en Monterrey, es que los gobernantes demagógicos e izquierdistas de algunos países latinoamericanos —que hasta simpatizan calladamente con los terroristas y sus acciones criminales contra “el yanqui enemigo de la humanidad”—, no quieren discutirlos y de hecho le han impuesto su voluntad a EE.UU.

Por eso es que, a nuestro juicio, la prominente funcionaria del Gobierno de Estados Unidos, Consejera de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, se deshizo esta semana en explicaciones públicas, de que los temas económicos, sociales y de gobernabilidad en América Latina son prioritarios para el presidente Bush; y el Secretario de Estado Colin Powell escribió, en un artículo publicado en LA PRENSA del viernes recién pasado, que los acuerdos de la Cumbre de Monterrey van resolver prácticamente todos los problemas latinoamericanos.

Pero la verdad es que no serán las sesiones plenarias ni la Declaración de Nuevo León lo más importante de la Cumbre Extraordinaria de Monterrey, sino las reuniones bilaterales que el presidente George Bush sostendrá con los presidentes de México (Vicente Fox), Chile (Ricardo Lagos), Brasil (Inacio “Lula” da Silva), Argentina (Néstor Kirchner) y Bolivia (Carlos Mesa).

O sea que en términos generales es a pasear que fue a Monterrey el presidente Bolaños, como creyó que iría a la reciente Cumbre Iberoamericana de Santa Cruz, Bolivia, y por eso no quiso viajar.

Sin embargo el primer mandatario nicaragüense tendrá la oportunidad, en Monterrey, de decir en su discurso que la única manera de hacer crecer las economías de nuestros países en forma vigorosa y sostenida y mejorar la distribución de acuerdo con la justicia y la equidad social, es dejar a un lado los desplantes populistas y nacionalistas y dedicarse a erradicar la corrupción, a independizar la justicia, a fortalecer las instituciones democráticas y el Estado de Derecho.

Y esperamos que lo diga, pues lo demás es simplemente retórica y pérdida de tiempo y dinero de los contribuyentes.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí