Marcia Morales [email protected]
Tras una semana de convivencia e intercambio de experiencias, los 1,400 jóvenes que asistieron al XX Camporee Centroamericano se dijeron adiós. Entre lágrimas, abrazos y entusiastas cantos y coplas, los jóvenes scouts, que por una semana se convirtieron en una gran familia, cerraron el camporee en cuya organización se volcaron más de 150 personas y se han invertido miles de dólares.
“Hemos trabajado un año entero montando este campamento, ha sido un gasto enorme, sólo el evento costó más de 100 mil dólares más los 250 mil dólares que consiguió la asociación por medio de donaciones del sector privado y público para preparar las condiciones materiales del campo escuela”, afirmó Jorge Katín, vicepresidente de la Asociación de Scouts de Nicaragua.
El campamento, ubicado en la primera entrada a Masaya, ahora habilitado con agua potable y luz eléctrica, estuvo abandonado por 20 años, pero será un Centro Nacional de Organizaciones Juveniles. El campamento dio albergue a ocho delegaciones, compuestas por jóvenes de 11 a 16 años.
Jairo Gaitán, vicepresidente de Guías y Scouts de Costa Rica, un nicaragüense con más de 15 años en el país vecino, dice sentirse orgulloso del excelente nivel de organización que se alcanzó en este evento. “Al inicio teníamos dudas porque Nicaragua tenía 39 años de no tener un evento de esta naturaleza y la dirigencia actual es muy nueva, pero el evento superó con creces las expectativas”, opinó este dirigente que vino a cargo de una delegación de 220 jóvenes.
Para clausurar este evento a partir de las ocho de la mañana hubo stands de distintas universidades, Marena, charlas sobre minas antipersonales impartidas por el Ejército y la Defensa Civil y la siembra de un arbolito por parte de cada delegación, el que quedará como recuerdo de esta experiencia. Al final, no podía faltar el intercambio de insignias, camisas y pañoletas como símbolo de camaradería.
Ángel Navarro, un scout de 13 años, del barrio Máximo Jérez, no pudo contener sus lágrimas y se despidió con un fuerte abrazo de Ana, una niña de la delegación de Guatemala, de la que dice haberse enamorado. “Intercambiamos nuestras direcciones de correo y espero volverla a ver en el próximo camporee que será en su país en el 2006”, comentó este joven.
Anai Sorto, una niña guía salvadoreña de 12 años, no se prendó de nadie pero sí hizo muchas amistades e intercambió más de 30 insignias. “Luego las pegaré en una chaqueta y las luciré en mi país”, comentó emocionada.