Queremos una nueva Nicaragua

Hugo Ramón García

Comenzamos los nicaragüenses un nuevo año en medio de muchas expectativas ligadas a su futuro, y a su destino. Muchas interrogantes surgen de las entrañas de la historia, y todos desafiando comunes adversidades, tenemos que imponernos la obligación ciudadana de sacar adelante a este país, aportando con optimismo cuantas responsabilidades fueren posibles, procurando naturalmente que nada quede inconcluso en el camino de frente a las básicas necesidades que los tiempos modernos exhiben con indudable notoriedad.

Nicaragua no puede ni debe quedar estancada por los muchos fenómenos sociales que pretenden retener su desarrollo. Cada uno desde un distinto campo de acción tiene que juntar esfuerzos y esperanzas, de manera que su voluntad misma refleje buenas intenciones, ayudando a la nación a levantarse como el “Ave Fénix” de las muchas frustraciones que le han causado sus malos conductores; los que incisivamente piensan que arrastrando ambiciones sacan al país de sus trágicas dificultades, y lo que hacen teniendo como instrumento la mala fe, es hundirlo en sus complicaciones hasta llevarlo a los niveles más inconcebibles que se registran y se detectan.

Esta República acongojada y abatida, sigue esperando con ansiedad cambios verdaderos; cambios que no queden reducidos a una simple teoría, sino que respondan a realidades concretas que permitan mejores formas de vida, promoviendo en primer orden fuentes de trabajo que terminen de una sola vez con las gigantescas tasas de desempleo que han incidido, y han venido a dar origen a la delincuencia y la prostitución clandestina.

Se necesita una República donde las cárceles no sean un suplicio ni un tormento, para que los privados de libertad que cumplen una sentencia encuentren en ellas un centro de rehabilitación humana que les permita reintegrarse a la sociedad una vez que son excarcelados tomando en cuenta que como personas tienen derecho a corregir sus vidas. Queremos sinceramente que la Patria se encauce por otros derroteros, y no que siga siendo patrimonio fácil de tantos oportunistas que la han saqueado y la han destruido en su economía. No una República confrontativa, sino una Nicaragua limpia de odios, apoyada en una reconciliación donde todos al amparo de la Bandera Nacional nos demos un abrazo de paz como demostración de una franca tendencia hacia la civilización.

No queremos una República enferma por tantas injusticias, demandamos una Nicaragua donde reine la justicia; donde los tribunales comunes apliquen la ley con imparcialidad, y no se dejen llevar por necios intereses que más bien alientan las desigualdades. Anhelamos una nación donde los derechos de unos sean respetados por los otros, para que la armonía se afiance y dé crédito de buenos propósitos hasta alcanzar un sólido entendimiento que nos pueda servir de mucho en la reconstrucción de una sociedad donde los valores morales sean el principal distintivo de la personalidad humana.

Queremos una República donde la dignidad y la honra de la mujer sea motivo permanente de nuestro respeto, concediéndole a su belleza física y espiritual las consideraciones que le atañen, tomando como punto de referencia que por una mujer venimos a la vida y que por los muchos merecimientos que la distinguen y la enaltecen, debemos tener para ella las mejores disposiciones.

Que Dios de las naciones derrame sobre Nicaragua y los nicaragüenses, copiosas bendiciones, y nos ilumine con su infinita sabiduría para que siempre sepamos comprender a los demás.

El autor es periodista.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí