Cuestión de ética y responsabilidad

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Cuestión de ética y responsabilidad





Lo que está ocurriendo en la Asamblea Nacional en derredor de la elección de la nueva Junta Directiva —en particular de su presidente— y la grave enfermedad que atacó súbitamente al diputado liberal Jaime Cuadra, quien supuestamente sería reelegido en ese cargo, ha demostrado en forma patética la personalización extrema del poder político en Nicaragua.

En realidad, ¿cómo es posible que la estabilidad no sólo del Poder Legislativo sino de todo el Estado esté en vilo por la enfermedad de una persona, independientemente de que estuviera previamente designada para seguir ejerciendo la presidencia de la Asamblea? ¿Es que entre los otros 90 miembros del Poder Legislativo no hay ninguno que tenga las mismas cualidades políticas y personales del diputado Cuadra Somarriba, y que por lo tanto pudiera merecer la confianza de los electores parlamentarios para que éstos lo designen en sustitución del enfermo?

Inclusive es inhumano lo que están haciendo ciertos políticos con el diputado Jaime Cuadra, que con tal de mantener su predominio sobre la directiva parlamentaria hasta quieren forzarlo a presentarse en la Asamblea Nacional, mañana 9 de enero, para la elección de la nueva Junta Directiva; o para que delegue su voto en otra persona y hasta elegirlo en ausencia, aunque para esto tengan que atropellar el espíritu y la letra del estatuto parlamentario, que no prevé la elección en ausencia ni la delegación del voto.

Dios, la Naturaleza, el organismo del diputado Cuadra le están diciendo a gritos que para él ya llegó la hora de retirarse a descansar, a velar por su propia salud, a pasar el resto de sus días alejado de las intrigas y los réditos políticos, de las hieles y las mieles del poder. Después de sufrir un derrame y dos operaciones cerebrales ni siquiera se necesita saber de medicina para comprender que lo que necesita el enfermo es reposo absoluto, y los médicos deberían advertir a los políticos que lo asedian en el hospital que le hacen mucho daño a su salud con esa actitud.

Es cierto que las intrigas y maniobras son moneda corriente en los parlamentos y en todas las esferas de poder. Quienes organizan los partidos y se involucran de lleno en la política lo hacen porque quieren alcanzar o mantener el poder, y disfrutarlo. Cada grupo político trata de imponer sus puntos de vista e intereses, y para conseguirlo hace maniobras de toda clase. Ése no es el problema.

Pero la lucha por el poder debe librarse de manera racional y digna. En todos los ámbitos de su vida el ser humano debe sujetarse a determinados principios y valores, y con mayor razón en la política, porque ésta es una profesión y un quehacer que afecta y compromete —para bien o para mal— a todas las personas que forman parte de la sociedad.

Se comprende que la política no es oficio de franciscanos, como decía el ex presidente Arnoldo Alemán en sus tiempos gloriosos. En efecto, la política no es tarea de ángeles. Como instrumento de lucha por el poder se rige por una lógica que con facilidad confunde los medios con los objetivos, lo útil con lo verdadero y lo pragmático con lo inmoral. Y cuando es practicada por personas particularmente codiciosas e inescrupulosas, la política se vuelve una actividad desprovista de ideas y principios, sustituye el bien común por el interés personal y de grupo, se convierte en una actividad penosa y odiosa.

Sin embargo, gobernar —conviene recordarlo siempre— proviene del latín gubernaculum y del griego kubernetes, que literalmente quiere decir “el timón del barco”. O sea que practicar la política en su máxima expresión, que es gobernar, significa dirigir la embarcación y conducir a sus tripulantes y pasajeros de manera correcta, aún cuando se tenga que navegar en aguas profundas y peligrosas.

Ahora bien: ¿por qué los políticos nicaragüenses y particularmente los diputados que son personas ilustradas, no pueden comprender algo tan sencillo como eso? ¿Qué les cuesta honrar la ley y el cargo, reconocer lo que le corresponde a cada bancada e integrar una directiva representativa que pueda elaborar una agenda legislativa de interés nacional?

Si quieren pueden hacerlo. Es cuestión de ética y sentido de responsabilidad.

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