Migración y cultura laboral

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Migración y cultura laboral





Los problemas de la falta de mano de obra para los cortes de café en algunas fincas cafetaleras del país; de la incontenible emigración de fuerza laboral nicaragüense hacia Costa Rica ante todo para trabajar precisamente en labores de recolección; y del maltrato supuesto o real que algunas autoridades costarricenses infligen a los emigrantes de Nicaragua, motivan muchas y diversas informaciones y comentarios en los medios de comunicación.

Sin embargo, en términos generales las informaciones y comentarios sobre esos problemas son superficiales, o más emotivos que realistas; no van al fondo del asunto ni toman en cuenta los diversos factores que los determinan, y parecieran más bien orientarse a exaltar la pasión nacionalista y no a explorar las soluciones que podrían ser viables y factibles.

Pero la verdad es que estos problemas no derivan de que haya finqueros buenos en Costa Rica y patronos malos en Nicaragua; no es que los braceros nicaragüenses se van a Costa Rica a recoger las cosechas de allá mientras que en las haciendas cafetaleras de Nicaragua falta mano de obra, porque los patronos nicaragüenses son malos y pagan peores salarios que los costarricenses; o porque los de aquí son explotadores y los de allá son inteligentes.

Los empresarios son iguales en todas partes, actúan de acuerdo con el mismo patrón de conducta. Las diferencias son secundarias. E igualmente los salarios no dependen de que los empleadores sean buenas o malas personas sino de factores objetivos y materiales como, por ejemplo, los costos de producción.

Sin duda que los empresarios de Nicaragua están preocupados siempre por reducir sus costos de operación, en los que se incluyen, por supuesto, los salarios. Pero lo mismo piensan y hacen los empresarios costarricenses y de cualquier otro país. No es la nacionalidad lo que determina el comportamiento de los patronos sino la lógica de la actividad empresarial, que no es una acción caritativa sino una inversión de capital y esfuerzos para tratar de obtener el máximo beneficio posible. Ése es el motor que mueve a las empresas y a toda la economía nacional, y su beneficio más importante radica en que a medida que se expanden los negocios también se benefician los trabajadores y la sociedad en general, ante todo mediante la creación de fuentes de trabajo, el mejoramiento de los salarios y la redistribución social del ingreso que hace el Estado por medio de las recaudaciones para financiar obras y servicios a la comunidad.

De manera que es fácil comprender que si los costos de producción y operación son muy altos, como ocurre en Nicaragua, es prácticamente imposible que los salarios sean iguales que en Costa Rica, donde los costos empresariales son menores.

Por otro lado, el hecho de que los salarios que se pagan en las fincas de Costa Rica sean más altos que los de Nicaragua, no justifica que falte mano de obra para cortar el café nicaragüense, habiendo aquí un alto índice de desocupación. Quien tiene necesidad de trabajar para ganarse la vida y mantener a su familia, acepta cualquier trabajo honrado, aunque sea mal pagado, para mientras encuentra una mejor oportunidad; pero no condena a los suyos al hambre absoluta sólo porque es bajo el salario que le ofrecen a cambio de su fuerza de trabajo.

Otro asunto sería si los patronos nicaragüenses, teniendo elevados márgenes de ganancias porque sus costos de producción y operación son bajos o por la razón que fuera, pagaran a sus trabajadores salarios de hambre. Y en ese caso le correspondería al Estado actuar en defensa del trabajador por medio de la legislación y la autoridad laboral, y a los mismos asalariados actuar para que los patronos abusivos cumplan la ley y respeten los preceptos fundamentales de derechos humanos en materia social.

Pero la norma jurídica no puede hacer que se distribuya y disfrute más apropiadamente una riqueza que no se produce y que no se producirá mientras los gobiernos pongan tantos obstáculos para invertir y producir, y en tanto miles de miles de personas no quieran trabajar en lo que hay sino prefieran esperar la oportunidad de irse al extranjero a pesar de las dificultades y maltratos que se sufren en tierra ajena.

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