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El valor de la esperanza
La reconocida firma encuestadora Gallup International dio a conocer a fines de la semana recién pasada los resultados de la encuesta que hizo en 60 países de diversas partes del mundo, sobre el nivel de optimismo y confianza de la gente ante el futuro inmediato y particularmente frente al nuevo año, 2004, que acaba de comenzar.
Según el sondeo de Gallup, las poblaciones de Hong Kong y Kosovo, con el rango de 76 por ciento, son las que tienen más optimismo, confianza y esperanza en que sus vidas van a mejorar durante el transcurso de este año, en relación con el año anterior. En tanto que Portugal, con 41 por ciento y Ecuador y Polonia, igualados en el 43 por ciento, son los países más desesperanzados.
Lamentablemente Gallup no toma en cuenta a Nicaragua para hacer estas encuestas, pues sería interesante y útil para múltiples efectos saber cuánta confianza, optimismo y esperanza tienen los nicaragüenses, en las circunstancias actuales. Aquí, como en todas partes del mundo, unas personas ven el futuro con optimismo y otras han perdido la confianza en el país y en ellas mismas; lo que depende de las condiciones materiales de existencia de cada quien, de su estabilidad o inestabilidad emocional, de su tranquilidad espiritual o de los conflictos anímicos que pueda estar sufriendo en el momento de la encuesta.
Al respecto, con frecuencia recibimos mensajes de lectores que nos sugieren escribir más a menudo sobre temas positivos, de ésos que infunden optimismo y confianza en la gente, y fortalecen la fe que es necesaria en una situación tan inhóspita como la de Nicaragua.
Y la verdad es que a menudo tratamos de responder de manera satisfactoria a esas peticiones. Pero al observar el comportamiento de los líderes políticos del país y escucharlos convocar a la violencia social, o verlos repartirse como el manto de Cristo el botín de la Asamblea Nacional, desaparece cualquier ánimo de escribir en términos positivos. Además, no se puede cerrar los ojos a la realidad.
Pero también es cierto que no hay que perder las esperanzas o la fe en que la situación del país y de cada nicaragüense puede mejorar; ni se debe perder de vista que es responsabilidad de los medios de comunicación democráticos cultivar el optimismo en la ciudadanía.
Lo mejor de la naturaleza humana es precisamente la capacidad de creer, de tener fe hasta en lo que no se puede demostrar de manera empírica, como el poder divino. La fe mueve montañas. Así lo demuestran en determinados momentos de su existencia las personas y las naciones, y lo hacen cuando parece que han llegado al fondo, que están completamente perdidas y son irredentas. Así lo demostró el pueblo nicaragüense cuando respaldó masivamente la acción armada para derrocar a una dictadura militar que parecía invencible; y cuando con procedimientos cívicos y electorales derrotó a la poderosa maquinaria totalitaria del régimen sandinista.
La reciente celebración navideña puso de manifiesto que los nicaragüenses no han perdido su característica fuerza de espiritualidad y solidaridad. Eso lo comprobaron de manera ejemplar muchas personas que a título individual o asociadas, en el silencio del anonimato o ante los focos de la publicidad, practicaron la caridad y la solidaridad con los más desposeídos y necesitados de la sociedad.
También la celebración del inicio del año nuevo fue singularmente alegre, bulliciosa, optimista, como una demostración de que los nicaragüenses a pesar de todo creen en sí mismos y tienen fe en que su vida va a cambiar, y no para regresar a ninguna forma nefasta del pasado sino para bien, para mejorar, para crecer y prosperar.
La confianza, la esperanza y la fe son valores superiores de los seres humanos sin los cuales no es posible enfrentar exitosamente las grandes dificultades. Bien entendidos, estos valores permiten reconocer y aprovechar el gran potencial que hay en el interior de cada persona y en toda la sociedad, esa gran energía que representa su espiritualidad, que es la fuerza que hará posible el reencuentro de los nicaragüenses con lo mejor de sí mismos.
La gente necesita creer. La esperanza es como una palanca de Arquímedes que ayuda a remover los obstáculos y construir un futuro mejor.