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El inevitable fin se aproxima
Ayer se cumplió el 45 aniversario de la revolución cubana, la que ilusionó a los pueblos de Cuba y América Latina con la promesa de construir una sociedad, libre, justa y democrática, pero al poco tiempo traicionó esos ideales e impuso la tiranía más cruel y prolongada de los últimos tiempos.
El año pasado, al aproximarse al 45 aniversario de su régimen absolutista, Fidel Castro ordenó la brutal represión contra los líderes de la disidencia democrática cubana, incluyendo a 26 periodistas independientes que fueron encarcelados en marzo y condenados a infames penas de hasta 30 años de presidio, por el “delito” de expresar sus opiniones y practicar el periodismo al margen de la prensa estatal, y por pedir una apertura democrática en Cuba.
Entre los 26 periodistas independientes que guardan prisión en Cuba en condiciones que ultrajan su dignidad humana —y a los que hacemos llegar nuestros sentimientos de solidaridad—, se encuentran Raúl Rivero, directivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y Ricardo González, corresponsal en Cuba de Reporteros sin Fronteras, víctimas de la oleada represiva que puso fin a la distensión interna que había comenzado con la visita del Papa Juan Pablo II a la isla comunista del Caribe, en 1998.
Desde esa fecha hasta marzo del año pasado se había observado una pequeña apertura democrática y hasta se permitió la circulación limitada de varias publicaciones independientes. Pero la ofensiva de marzo pasado contra los derechos humanos, tan brutal como en las peores épocas del castrismo estalinista de los años sesenta y setenta, sepultó la incipiente apertura y volvió a llenar de pesimismo a muchas personas que creían que también en Cuba podría ocurrir una transición democrática pacífica y gradual, como en otros países que fueron comunistas, revolucionarios y totalitarios, incluyendo a Nicaragua.
Sin embargo, algunos observadores de la situación en Cuba estiman que el retroceso represivo del régimen castrista no debe interpretarse como una demostración de fortaleza, sino como un signo de decadencia y debilidad. Y la verdad es que es imposible que pueda existir para siempre un régimen como el de Cuba, que se basa en la represión de las libertades individuales, en el irrespeto a los derechos humanos y el sometimiento a la población a indecibles privaciones. El totalitarismo, de izquierda o de derecha, es un aborto de la naturaleza humana, no puede perdurar eternamente y lo más probable es que la tiranía castrista no sobreviva por mucho tiempo a Fidel Castro, cuya decrepitud es visiblemente mayor cada día.
No es por casualidad que Estados Unidos ya se está preparando para el período post-castrista y el inevitable tránsito democrático que sobrevendrá. “Creemos que la transición puede ocurrir en cualquier momento y nosotros tenemos que estar preparados para actuar con agilidad y asegurarnos de que los compinches del régimen no tomen el control de los aparatos de seguridad”, declaró el 5 de diciembre recién pasado el Secretario de Estado Adjunto para América Latina, Roger Noriega, al celebrarse la primera reunión de la Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, que fue creada en octubre del año pasado por el presidente George W. Bush y está codirigida por el Secretario de Estado, Colin Powell, y el Secretario de Vivienda, Mel Martínez.
En realidad, el hecho de que de manera oficial el Gobierno estadounidense por primera vez haya puesto en marcha una estrategia para la transición de Cuba después que desaparezca Fidel Castro, indica la seriedad de la expectativa de que el totalitarismo castrista está llegando a su fin. Varias áreas del Gobierno norteamericano estudian las necesidades que, después de Castro, habrán en Cuba de infraestructuras, vivienda, salud, educación y servicios, y antes del primero de mayo de este año el comité presentará sus conclusiones y propuestas preliminares.
Lo cierto es que todas las personas libres del mundo están esperando la desaparición de Castro, la liberación de los miles de presos políticos y de conciencia y, en fin, el comienzo de la democratización de Cuba. Y entonces se podrá conocer en su plena magnitud el gran engaño propagandístico del supuesto bienestar que el comunismo ha prodigado al pueblo cubano, y también las muchas cosas terribles que la tiranía mantiene ocultas, como ocurrió en todos los países donde imperó y desapareció el totalitarismo.