El nuevo gran salto chino

Roman, Times, serif»>
El nuevo gran salto chino





El Gobierno de la República Popular China aprobó en primera instancia una reforma constitucional para garantizar que “la propiedad privada adquirida legalmente es inviolable”. Se trata, obviamente, de una medida trascendental que cambiará radicalmente el sistema comunista imperante en el país desde octubre de 1949.

En realidad, algo así se esperaba desde que el 2 de noviembre del año pasado fue nombrado como Presidente de la República Popular China el señor Hu Jintao, de 61 años de edad, un líder de la cuarta generación de la dirigencia comunista china que anteriormente sólo era conocido porque en 1989, siendo secretario del Partido Comunista en el Tibet, ordenó el aplastamiento sangriento de una rebelión independentista del pueblo tibetano, que dejó un saldo de 40 muertos y centenares de heridos.

De hecho la decisión de legalizar la propiedad privada fue decidida por el Partido Comunista de China en su último Congreso nacional, que celebró en octubre de este mismo año, aunque entonces no se dio a conocer al público y los periodistas no lo pudieron informar porque en ese país comunista no hay libertad de prensa. La dirigencia comunista estimó que era conveniente simular primero un debate en la Asamblea del Pueblo, como se llama en China continental al Parlamento, a fin de que la decisión de restablecer la legalidad de la propiedad privada apareciera como una decisión democrática que va de abajo hacia arriba.

Como sea, lo cierto es que la reforma constitucional para garantizar el derecho a la propiedad privada viene a remachar un proceso que se ha desarrollado en el país desde hace unos veinte años, durante el cual millones de ciudadanos chinos crearon sus propios negocios, adquirieron viviendas particulares y compraron acciones de empresas estatales.

Durante el debate sobre la reforma constitucional en la Asamblea legislativa, algunas voces ortodoxas reclamaron que el monopolio de la propiedad estatal debía conservarse sobre los grandes medios de producción, pero ciertos dirigentes del partido muy bien escogidos han hecho ver que la garantía legal a la propiedad privada es indispensable, para seguir adelante con las reformas económicas que han permitido modernizar gran parte del país y sacaron ya de la extrema pobreza a varios millones de chinos.

Los gobernantes comunistas han venido impulsando una profunda reforma económica pro-capitalista –conservando el opresivo sistema político– desde que Deng Xiaoping y Janzeming decidieron revertir las desastrosas consecuencias que dejaron las experiencias del Gran Salto adelante y la Revolución Cultural, de los años 50 y 60, fue fueron unas alocadas aventuras de Mao Tse Tung que terminaron de arruinar al país, provocaron hambrunas en las que murieron varios millones de personas e hicieron de la China continental un país mucho más atrasado que en 1949, cuando los comunistas tomaron el poder. De manera que los sucesores de Mao comprendieron que lo prioritario era sacar al país del desastre, no aferrarse al dogma comunista, y Deng lo definió con una frase emblemática: “No importa que el gato sea blanco o negro, lo importante es que atrape ratones”. Y la verdad es que el único felino que puede atrapar el atraso y la pobreza, es el gato capitalista. Así lo ha comprobado ahora también China comunista.

En realidad, la experiencia de China demuestra otra vez que el único camino al progreso, el desarrollo y la prosperidad es el de la libre empresa, la economía capitalista y la vigencia de la propiedad privada. Gracias a las reformas pro-capitalistas, en China, donde vive más de un quinto de la población humana, la producción de bienes y servicios se multiplicó por trece desde que se dejó a un lado la ortodoxia comunista. Hace veinte años la economía de Estados Unidos era seis veces más grande que la de China, pero ahora no es ni el doble. Y según los pronósticos, en la segunda década de este siglo el PIB chino podría ser mayor que el de Estados Unidos.

Y tras las transformaciones económicas vendrán los cambios políticos, porque si bien es cierto que la economía capitalista puede arrancar a partir de un régimen de gobierno autoritario, no puede florecer en otro ambiente que no sea el de la libertad individual y la democracia. Ya lo veremos.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí