Julio Blanco C.
Gracias Señor: porque hace tiempo que Managua dejó de ser una ciudad “alegre” a los ojos de Ernesto Cardenal; porque los rótulos y vallas publicitarias se multiplican por doquier como el símbolo más notable del resurgimiento de la actividad comercial en esta hermosa ciudad; porque nuestra capital –sin importar que los alcaldes sean de izquierda o de derecha– cambia cada día para mejorar la vida de sus habitantes. Y finalmente quiero darte gracias, Padre Eterno, porque el sufrido pueblo de Cuba ha empezado a ver una tenue luz de esperanza en el horizonte y ahora muchos cubanos esperan que algún día no muy lejano La Habana vuelva a ser una de las ciudades más “tristes” del mundo.