Papá Noel vs Niño Dios

Freddy Potoy [email protected]

MADRID, ESPAÑA.—Muchos se han ido a pasar la Noche Buena y esperar que llegue la Noche Vieja y recibir el Año Nuevo, donde mejor les ha parecido. Unos estarán solos, otros con amigos, en familia, en campos de batalla como Irak, en orfanatos, en la cárcel u hospitales.

Las líneas aéreas están llenas de viajeros, los buses y trenes también. En Europa viven la Navidad con su nieve y el hombre ese regordete y generoso de Papá Noel proveniente del Polo Norte que conduce por los cielos un trineo arrastrado por renos voladores. Los regalos, los mejores vinos, los pavos y la mejor comida imaginable, salen a relucir. El pesebre y la cena pascual parecen ser ahora piezas antiguas en el “museo de la tradición”, suplantados por la modernidad y el despliegue de la publicidad.

La Navidad está poblada de pinos plásticos y muchas cosas artificiales, incluso, personas con pensamientos y sentimientos superficiales. El nacimiento de un Dios hombre que llegó al mundo en el desértico territorio de la antigua Judea, donde no hay ni pinos ni renos ni nieve, es opacado por el consumismo.

A manera de reflexión le comenté a una persona que si revisáramos hasta ayer 23 de diciembre, quién podría tener más peticiones de regalos entre el Niño Dios y Papá Noel, seguro ganaría Papá Noel. Ella sonrió y pensó en alguna respuesta, pero no pudo “contragolpear” y prefirió guardar silencio.

La temperatura estaba en dos grados, había mucha neblina en las calles de Madrid y le dije: sabemos lo que se le pide a Papá Noel, pero, ¿cuántos le pedimos a Dios capacidad de amar, compartir, perdonar, admitir que fallamos y demostrar que queremos ser mejores, alejar el rencor, ser más tolerantes, pacientes, solidarios, sinceros, honestos, humildes y no arrogantes u oportunistas, y muchos otros valores más para compartirlos?

Ella me respondió que se iría a Inglaterra en Navidad, a Big Ben, para esperar el año nuevo al ritmo de las campanas. “En Noche Vieja estaré en París en los Campos Elíseos y recorreré desde el Arco del Triunfo hasta la plaza de la Concordia bebiendo champagne”. De hecho, estos comentarios eran súper agradables.

Le dio vuelo a su imaginación y me dijo que desearía estar en estas mismas fechas en Alemania celebrando con fuegos artificiales, bebiendo champagne y repartiendo besos; o disfrutando en Austria del típico Vals de Año Nuevo y el Concierto de Strauss que la Filarmónica de Viena ofrece cada 1 de enero. Me mencionó sus deseos de estar en Dinamarca, Escocia, Italia, Ámsterdam, Suiza, Suecia, Noruega, etc. Después de oírla le dije: En tu rapidísimo viaje por Europa, ¿pensaste en las respuestas a mis preguntas? Me dijo: “Quería desviarte la atención. Lo cierto es que a veces no pensamos en Dios, sino en lo material, en las discotecas, en buscar parejas, en comprar ropa de moda y nos olvidamos de cosas como las que has dicho”.

Luego acordamos tomarnos otro día un café en el círculo de Bellas Artes de Madrid.

En mi caso, no quiero abusar de la bondad del Niño Dios, pero sólo le pido ser una mejor persona, que los niños pobres reciban hoy algún juguete, coman algo y que alguien les dé cariño. Que cesen las muertes en Medio Oriente, que nos proteja de políticos corruptos, y que sea el portador de un abrazo fuerte a todos mis amigos que por razones de la vida no podré estar con ellos y decirles que les estimo mucho. Niño Dios, ojalá llegués a tiempo con estas misiones.

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