Enrique Villagra Gutiérrez [email protected]
En medio de tantas contradicciones que tenemos, de la falta de objetivos que nos unan, más que el deseo y anhelo de ver una Nicaragua mejor, al leer la Encuesta de Opinión que publicó LA PRENSA, la semana pasada, concluyo que los nicas somos “fregados” y que son pocos los aspectos que de verdad unifican nuestro criterio como nación.
No podría señalar con una opinión responsable que a los nicaragüenses nos une un movimiento político, un credo religioso, o un deporte nacional. Adolecemos de pasiones que nos pongan en una misma sintonía, en un sentir en algo unánime (y no digo absoluto, porque lo absoluto es abstracto).
Sin embargo, en esa realidad pareciera haber uno que otro punto de coincidencia que nos acerca. No imagino a un nicaragüense que no desee tener una Patria más próspera, una democracia real que descanse en instituciones sólidas, de fraternidad, de tolerancia, de no solamente respeto a los derechos humanos sino, más aún, un país donde el amor a la humanidad se concrete de forma más contundente. Coincidimos en eso. Y porque justamente coincidimos en eso, no es de extrañarnos que reconozcamos entonces a aquellas personas que han procurado algo para alcanzar esos ideales. La opinión pública, que a veces pareciera que anda de vacaciones o que está adormecida, no ha hecho más que tomar una distancia prudente para no exaltar a ídolos de barro, que en medio de la ansiedad por ver una Nicaragua mejor, nos transmiten el mismo efecto de un oasis inexistente, de un espejismo.
Prudentes los nicaragüenses y sin esperar cien años para que la historia de un veredicto tardío; la población ha ubicado en un primer plano, no de aceptación sino de predilección, a una mujer que hace casi una década dejó de ocupar la Presidencia de la República. Doña Violeta Barrios de Chamorro encarna los ideales que busca el pueblo y que bajo el mandato que se le otorgó, supo asumir la responsabilidad histórica y sirvió a este país con una humildad y con una hidalguía no presenciada antes, que permitió cimentar una democracia en paz y reconciliación.
En consecuencia, motivado por ese constante lugar que desde que dejó la Presidencia doña Violeta ha mantenido, y que se reflejó claramente en la última encuesta —pues ella conserva un extraordinario lugar de cariño en el pueblo, que al recordarla valora un legado invaluable, que sólo Dios podrá pagarle y la Patria reconocerle—, humildemente propongo, y ojalá que hubiese alguien que secunde, que en virtud de sus méritos, se optimice el lugar privilegiado de la rotonda recién construida por la municipalidad de Managua en el centro de la capital, para rendir un tributo que pueda ser visto por las generaciones futuras; que por medio de una estatua concretemos ese lugar que ella ya ganó en el corazón de todos ya que, muy por encima de nuestras diferencias, reconocemos en ella a una gran madre que supo reconciliar a los hijos de Nicaragua.
Hacer este homenaje, es rendir un tributo justo a todo lo que ella encarna: a la mujer nicaragüense, a la madre que unificó a un país, a la democracia, a los más altos valores cívicos, a la paz, a la humildad que engrandece, a la libertad, a la honestidad en el ejercicio público, a la franqueza espontánea del nicaragüense, a la tolerancia fraterna en una Nicaragua de todos, a la vocación de servir, en suma, a lo que en realidad significa hacer Patria.
Brillante y simbólico sería que el actual alcalde de Managua y las tres bancadas que conforman el Concejo Municipal de la Alcaldía de Managua interpretaran el sentir de los nicaragüenses, honrando a una mujer que sin lugar a dudas fue providencial.
Sólo la mezquindad disentiría con esta propuesta. Si el Estadio Nacional lleva el nombre de un conciudadano que por ganar un juego perfecto dejó en alto el nombre del país; si a una rotonda se le pone el nombre de un ciudadano de éxito en su empresa, ¿por qué no honrar en vida a una mujer a la que todos los nicaragüenses le estamos agradecidos?
No hay que preguntarle a ella qué opina sobre esto, creo que todos imaginamos su respuesta con un típico: …“No mi alma, te lo agradezco pero no; si esta servidora algo hizo por este país, Dios lo recompensará”.
Propongo, pues, la rotonda Violeta Barrios de Chamorro, en homenaje y agradecimiento. ¿Alguien secunda?
El autor es abogado y notario público.