Tirano

Luis Sánchez [email protected]

Prácticamente todo el mundo califica a Saddam Hussein como el ex tirano de Irak.

Tirano se le dice a quien gobierna de manera cruel y brutal. Como Nerón en la Roma del siglo I después de Cristo; Pedrarias Dávila, en la Nicaragua del siglo XVI; Stalin y Hitler, en la ex Unión Soviética y Alemania del siglo XX.

La palabra tirano viene del vocablo griego tyranno, y en su origen se usó para nombrar a quien usurpaba el poder, independientemente de si gobernaba bien o mal; es decir que era tirano porque no tenía derecho legal ni divino a mandar. O sea que tyranno significaba algo así como “el amo”.

Los tiranos aparecieron cuando las ciudades griegas comenzaron a enriquecerse —a partir del siglo VIII antes de Cristo— gracias al desarrollo del comercio. Surgió entonces una clase de nuevos ricos, los comerciantes, que empezaron a disputar el poder político a las viejas oligarquías agrarias que gobernaban por medio de los reyes, los cuales eran más bien jefes de agrupaciones tribales. De manera que los nuevos ricos alentaban y apoyaban a los caudillos a que se alzaran y tomaran el poder.

Algunos de los tiranos más importantes de Grecia fueron hombres muy ilustrados y progresistas. Pero el más famoso de ellos fue Dioniso (El Viejo), tirano de Siracusa en el siglo IV antes de Cristo, debido a la historia legendaria de la espada de Damocles

Damocles era un cortesano del tirano Dioniso, a quien adulaba al extremo. Y aunque Damocles era su favorito, Dioniso en el fondo lo despreciaba, por su servilismo. De modo que un día quiso ponerlo a prueba, lo convidó a un espléndido banquete y lo hizo sentarse en su lugar, es decir, en el trono del tirano.

Damocles estaba más ebrio por la felicidad de ocupar el lugar del tirano, que por el vino, hasta que vio que pendía sobre su cabeza una filosa espada sostenida por una crin de caballo. Entonces Damocles comprendió, aterrorizado, la crueldad con que se divierte un tirano, y huyó de la ciudad. Desde entonces la expresión “estar bajo la espada de Damocles” se usa para simbolizar el grave peligro inminente que amenaza a alguien cuando cree gozar de éxito y prosperidad.

Una característica de los tiranos de Grecia era la de que si bien castigaban de manera cruel y despiadada a sus oponentes, se esmeraban en construir grandes obras de progreso, fomentar las artes, beneficiar a la gente común y organizar fastuosos juegos y desfiles para impresionar y entretener a las masas.

Con el correr del tiempo, la palabra tirano se aplicó a cualquiera que, independientemente de cómo hubiere alcanzado el poder, lo ejercía de manera brutal y se enriquecía desmedidamente a expensas del pueblo.

Juan de Mariana, célebre sacerdote jesuita e historiador español de los siglos XVI y XVII (nació en 1536 y murió en 1624) señaló que: “Tirano es aquél que manda a súbditos que no le quieren obedecer; el que, por la fuerza, quita la libertad a la nación; el que no mira por la utilidad del pueblo, sino que atiende sólo a su propio engrandecimiento y a dilatar su dominio usurpador”.

Por cierto que Saddam Hussein fue un terrible tirano, pero no ilustrado como los de Grecia, pues debió saber que allí mismo en Bagdad, hace muchísimo tiempo, la princesa Sherezade contó sus historias durante Las mil y una noches para aplacar a otro tirano, a quien le advirtió: “¡No oprimáis, porque toda opresión produce la venganza, y toda injusticia, la represalia!”

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí