Bocón
Ricardo Mayorga es bravucón. Es cierto. También es fanfarrón, ofensivo y con frecuencia repulsivo. ¿Es un gran boxeador? Bravo es; lo grande quedó en entredicho después de su derrota con Spinks. No porque perdiera, sino porque no demostró lo que siempre ha dicho: “Es cierto que soy bocón, pero cumplo lo que digo cuando estoy sobre el ring”. Otras veces lo ha cumplido. Esta vez se quedó corto.
¿Antipatriota?
Mayorga a menudo luce necio cuando suelta cualquier estupidez, atenido solamente a que su ignorancia le disculpa o que el circo donde compite precisa de esas sandeces para el espectáculo. Y así recoge abucheos y aplausos. Además de dinero, por supuesto. Un día mientras oíamos a Mayorga decir esas chabacanadas como aquélla de que se iba a llevar la mujer de Forrest para empleada para su casa, mi hijo de 11 años me dijo apenado: “Van a pensar que todos los nicaragüenses somos así”. Miren por donde le salió lo patriota.
Chico malo
Los nicaragüenses huérfanos de héroes, quisiéramos ver en Mayorga a un caballero como una vez lo fue Alexis, u oírlo decir cosas más inteligentes en la televisión, o apareciendo en los periódicos en las consabidas poses de filántropo: tomándose fotos con jóvenes rehabilitados de las drogas, colaborando en teletones para niños con Síndrome de Down, o por los menos leyendo spots en la televisión esas frases trilladas: “Di no a las drogas”, “Tú puedes superarte”. Pero Mayorga no hace esas cosas y su proyecto más conocido fue montar un prostíbulo con el dinero que ganó cuando conquistó la corona. Y si algo se le ha conocido que promueve son las carreras ilegales que cada noche desvelan a la Policía y ponen en peligro la vida de los infortunados que se cruzan con los bólidos.
Espejo
Olvidémonos del héroe limpio y puro. No existe. Sólo queda el Mayorga fanfarrón y repulsivo. Pero bravo. Ese boxeador que salió de las calles más pobres de Granada y que es lo que es a punta de piñazos y siendo de vez en cuando el chiste que el guión le exige. Y un día le aplaudimos y otro le abucheamos, porque así somos los nicaragüenses. Como Mayorga. Y algo tendrá él en lo que nos reconozcamos. En lo bueno y lo malo.
Lección
Ojalá la derrota le haga aprender la lección. Tampoco esperemos que cambie, o que actúe como el caballero que no es. Que sea el hablador de siempre. Bravo, retador. Al fin y al cabo es un boxeador, no un diplomático. Pero, ¡qué no se pase, Dios! Es que ni siquiera son naturales. Esas vulgaridades con que busca la carcajada en las conferencias de prensa lucen tan falsas como el pelo rojo que mostró en la última pelea.
Ganador
Y miren lo que son las cosas. Ahora las simpatías desertan de Mayorga y se trasladan a Luis Pérez, este muchacho del barrio La Pradera por el que nadie daba un centavo. Los nicas estamos buscando quién recoja nuestras esperanzas, y este muchacho se lo merece. No sólo por humilde, sino, sobre todo, por ganador. ¿Quién dijo que en el cielo hay chance para los perdedores?