En el filo de la navaja

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En el filo de la navaja





El acuerdo parlamentario que se debe hacer para integrar la próxima Junta Directiva de la Asamblea Nacional, determinará en buena medida el rumbo político que siga el país en el 2004, que será el año de comenzar a ejecutar la HIPC y de aprobar o rechazar el Tratado de Libre Comercio de Centroamérica con Estados Unidos (Cafta), que requieren un alto nivel de estabilidad nacional.

En cualquier caso, la democracia sólo funciona apropiadamente por medio de la discusión, el diálogo y el acuerdo. Además, en una sociedad acosada por la incertidumbre, los prejuicios y la desconfianza —como es Nicaragua— esos mecanismos democráticos son, más que necesarios, indispensables.

Pero la democracia requiere también, para ser eficaz, que los actores políticos establezcan de entrada las reglas del juego y que las respeten. Esto es lo que los antiguos griegos llamaban definir: aclarar los términos desde el comienzo para que todos hablen del mismo asunto, aunque tengan sus propios objetivos. Lo cual exige también que los actores políticos sean realmente democráticos y básicamente honestos.

Sin embargo éste no es el caso de quienes integran las bancadas de la Asamblea Nacional, o al menos de la mayor parte de ellos. En realidad, si estos políticos fueran genuinamente democráticos y probos no tendrían mayor dificultad en lograr un acuerdo para la integración de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional basado en el principio de la proporcionalidad: tres directivos para el PLC, dos al FSLN y uno para cada una de las bancadas Azul y Blanco y Camino Cristiano, en este caso por respeto al derecho elemental de representación de las minorías.

Pero “nuestros” políticos no acostumbran a practicar el juego limpio de manera que un acuerdo parlamentario en ese sentido parece ser imposible. Así que por fuerza el acuerdo tendría que ser parcial, es decir, entre el FSLN y la bancada Azul y Blanco para reproducir la Junta Directiva que dominó en la Asamblea Nacional este año; o un nuevo acuerdo, esta vez entre el PLC y Azul y Blanco, que dejaría fuera de la Junta Directiva a los sandinistas.

La primera opción (acuerdo FSLN-Azul y Blanco) demostró ser eficaz a pesar de las locuras de última hora de Daniel Ortega, pues permitió poner fin a la crisis operativa de la Asamblea Nacional, desaforar a Arnoldo Alemán para que pudiera ser juzgado y condenado, y contribuyó a la aprobación de las “leyes de la HIPC”.

Pero el precio que tendría que pagar el presidente Bolaños por la prórroga del acuerdo FSLN-Azul y Blanco sería renunciar a la lucha por la independencia del Poder Judicial. En realidad, lo menos que pediría el FSLN es que se apruebe la Ley de Carrera Judicial según el dictamen de mayoría que le garantizaría seguir controlando la administración de justicia. Y decimos lo menos porque seguramente exigirían mucho más.

El otro posible acuerdo parlamentario, es decir, entre el PLC y la bancada Azul y Blanco le permitiría a los liberales arnoldistas volver a controlar la Junta Directiva y la agenda legislativa del próximo año, así como la posibilidad de liberar y rehabilitar a Arnoldo Alemán por medio de una amnistía; y a cambio lo más importante que le darían al Gobierno sería la aprobación de la Ley de Carrera Judicial, pero no para independizar la justicia sino para sustituir a muchos jueces sandinistas con miembros del PLC.

En todo caso, no hay que descartar una tercera opción, que sería un acuerdo entre el FSLN y PLC que dejaría fuera de la Junta Directiva a la bancada Azul y Blanco. Este acuerdo sería posible si los caudillos lograran por fin el repacto que se les frustró a principios de este mes de diciembre; y con el repacto el PLC podría conseguir la liberación de Alemán mediante un fallo del Tribunal de Apelaciones sandinista y luego su rehabilitación por una amnistía dictada por la Asamblea Nacional; en tanto que los sandinistas podrían mantener su hegemonía sobre el Poder Judicial, compartir el dominio de la Asamblea Nacional y decidir sobre la agenda legislativa, que significaría impedir la aprobación del Cafta y cualquier otra barbaridad que se les ocurra.

Es evidente, pues, que hay una espada de Damocles pendiendo sobre la cabeza del triunfalista presidente Bolaños, y que el país continúa, como siempre, en el filo de la navaja.

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