- Fue Campeón Centroamericano de Carreras de Caballos. El ‘Águila’ venció a los más famosos rivales y su fama traspasó las fronteras. Dejó los hipódromos y su vida transcurre ahora entre mimos y el amor de su dueña, quien lo compró para retirarlo y quererlo
Hilda Rosa Maradiaga C. [email protected]
Se pasea por la casa como un rey por su palacio y se asoma a la cocina para ver qué están preparando las cocineras. El “Águila” es un miembro más en la familia de Lorena Mántica, quien cariñosamente lo llama “Viejo”.
Mientras pasea entre el pasto, ella lo llama y él, muy obediente, camina hacia ella. Lorena le pide que se apure y él aligera notablemente el paso hasta llegar a su regazo. Este caballo cuarto de milla –obediente y doméstico– fue hace algunos años un gran campeón de increíbles velocidades en las carreras de caballos; y además, el más malcriado y brioso que los caballistas hayan conocido, nos cuenta su dueña.
Nació en 1983, es hijo del caballo “Souvenir” y nieto del “Dick Osceola”, el caballo con el que se fundó el Jockey Club y famoso por su velocidad incomparable.
Según Mántica, el “Viejo” fue criado por don Carlos Montealegre, quien tenía crianza de caballos en Chinandega. Fue muy conocido, famoso y admirado entre todos los hípicos del país aficionados a las carreras.
Se coronó Campeón Centroamericano de Carreras de Caballos, ganó a los mejores caballos de Honduras, Costa Rica, a algunos ejemplares mexicanos, y en diferentes departamentos de Nicaragua. Llegó al punto de no encontrar competencia, pues los criadores de caballos le pedían a Adrián Navas, su dueño de entonces, que el “Viejo” diera ventaja a sus contrincantes.
Venció en más de 30 carreras y perdió solamente una, el 17 de octubre de 1991, en una finca jinotepina, donde todos los 17 de octubre se realizaban carreras de caballos festejando el cumpleaños del criador de caballos Gustavo Mendoza, según las investigaciones y documentaciones que su dueña guarda como un tesoro.
Entre otras competencias, en 1991 corrió contra dos caballos hondureños, entre ellos el famoso “Carta Jugada”, del señor Octavio Aguilar, en los 800 metros; también ganó en el Hipódromo de la Asociación Ganadera de Choluteca; y en Costa Rica corrió contra “El Burgués”, de don Alberto González, en los 500 metros, distancia que corrió en 24.37 segundos. Y su récord llegó a ser de 400 metros en 14 segundos, asegura su orgullosa dueña.
Relata que este cuarto de milla, pura sangre, fue muy querido en El Viejo, Chinandega, donde vivía con la familia Navas en una humilde vivienda. Sus competencias eran todo un acontecimiento en el lugar y el pueblo lo recibía con bombos y platillos después de sus hazañas.
UN AMOR A PRIMERA VISTA
Cuando Lorena Mántica, amante de los caballos, conoció al “Águila”, éste tenía una rodilla lesionada y en 1994 se lo compró a Leonel Navas, sólo para retirarlo de las carreras. “Hubo química, amor a primera vista, me gustó su temperamento y creí que no era justo que lo siguieran corriendo”, recuerda
“Cuando lo conocí era muy malcriado y los caballos malcriados representan un reto para mí, sentí que sería importante en mi vida, es un caballo de mucha resistencia, de mucho corazón y extraordinaria inteligencia”, dice Mántica.
Luego de comprarlo, Lorena investigó todo lo relacionado al caballo, hasta construir su árbol genealógico, su historia, fotos, cartas, documentos y recortes de periódicos.
Además, se vio tentada a montarlo. “A la quinta zancada se abría, agarraba velocidad y salía como cohete. Cuando monté al ‘Águila’ fue diferente. Es como que te montés a un taxi, y después a un carro de carreras de verdad”, explica.
DOMESTICADO CON AMOR
Antes de llegar a las manos de Lorena, este caballo nunca fue montado con silla, ni bocado, pues era un animal muy brioso y bastante malcriado. Y aunque ahora él y su dueña son grandes amigos y compañeros, al inicio se entendían muy mal.
“Un día que lo monté, no lo bañé, me fui un rato, dejé que se secara. Y así sudado empecé a acariciarlo, y a tratar de estar con él. Empecé a hacer lo mismo todas las tardes. Lo llevaba al paso, caminando con él, pero siempre guiada por alguien porque si lo soltaban no lo deteníamos. Hasta que se acostumbró a mí. Le puse un bocado muy suave, y empezó a civilizarse”, narra.
Cuando el ex dueño del animal llegó a visitarlo, no daba crédito a lo que sus ojos miraban. Era increíble que el caballo se dejara tocar, anduviera de las amarras, con montura y bocados.
Quizá todo era resultado de lo que ella llama el método natural o sicología de los caballos y que se podría resumir en querer y tratar bien al animal. “Consiste en uno ser mitad caballo, mitad humano, llegar a ese medio termino para poder entenderse”, define.
COMO UN NIÑO ‘MAÑOSO’
“El caballo que más quiero es el ‘Viejo’, porque él cree que no es caballo, cree que es humano”, agrega. Y él sabe sacar provecho al amor de su dueña y protestar cuando se siente relegado.
“El ‘Viejo’ es un caballo mentiroso que hasta con las enfermedades engaña. Un día estaba echado, pujando y yo comienzo a llorar. Localicé a un veterinario que me dijo que estaba grave, pero en el ajetreo me puse enojadísima, lo agarré del pelo, le pegué un mordisco y le dije ‘te levantás ya porque ya me harté ‘Viejo’. El caballo se levanta y aquel veterinario enojadísimo. Las veces siguientes el veterinario me decía: ‘primero grítale, regáñalo y cuando veas que es de verdad me llamas’”, cuenta
“Eso sucede mucho cuando no le doy atención o lo abandono en una de las escuadras, lo sacas de la casa y se pone grave de muerte. Los veterinarios ya no saben cuándo creer y cuándo no creer. Él miente, sabe como llamar la atención”, añade
De manera que el “Viejo” se pasea por la sala de la casa, visita la cocina, pelea con la “Pánfila” –una perrita chihuahua que también es consentida de Lorena– es parte de la casa, de la familia, y goza del amor y los mimos de su dueña. Es un buen retiro, para un gran campeón.