- Trabajadores laboran a toda máquina con el propósito de alistar el palacete para fiestas de Navidad y Año Nuevo
- Casa veraniega fue construida con fondos del Mitch y está intervenida judicialmente
Jorge Loáisiga Mayorga [email protected]
El ex director general de Ingresos, Byron Jerez Solís, condenado a nueve años de prisión por el caso de los 157 checazos en la DGI, pero bajo arresto domiciliar, mandó a limpiar y darle mantenimiento a su palacete de Pochomil Viejo, para presuntamente celebrar una fiesta en Navidad y la que probablemente se prolongue hasta la llegada del Año Nuevo.
A dicha fiesta supuestamente asistirían los “amigos” de Jerez que se han quedado a su lado, los que lo visitaron en prisión, los que no lo abandonaron. Su eficiente equipo de abogados que lo logró sacar de prisión, aunque la mayor parte de la negociación la llevó a cabo él personalmente. Sus médicos y, por supuesto, toda su familia, su esposa Ethel, Valeria su hija y Byron Jr.
Desde el mar la mansión se ve muy bien cuidada. La piscina en forma de pez, está impecablemente limpia y a través de sus cristalinas aguas se puede ver el azul de los mosaicos.
Desde el mar la mansión se ve muy bien cuidada. La piscina en forma de pez, está impecablemente limpia y a través de sus cristalinas aguas se puede ver el azul de los mosaicos.
“Antes estaba un poco abandonada, por la situación de don Byron, pero ahora parece que ya están volviendo a darle cuidado”, dijo un campesino de la zona.
LA PRENSA intentó hablar con Jerez ayer en horas de la tarde, para conocer su versión sobre los trabajos de mantenimiento y la supuesta fiesta, pero una de sus empleadas dijo que él estaba dormido y por eso no nos podía atender.
Un equipo de LA PRENSA también constató que al menos una docena de trabajadores de una empresa de jardinería de Managua, y otros empleados laboran fatigosamente en la mansión veraniega.
“Están aquí desde hace como 15 días. Al jardinero que tenían antes lo corrió doña Ena (Jerez), la hermana de don Byron”, comentaron algunos vecinos del lugar.
Los trabajadores se dedican a darle mantenimiento al césped, los arbustos, las palmeras y cocoteros de la casa, así como a las plantas ornamentales que rodean la planta principal de la casa.
Otro grupo de trabajadores estaba ayer mismo realizando trabajos de mantenimiento al tejado de las distintas casas que conforman todo el palacete, y otros trabajadores le echaban una mano de pintura a algunas de las paredes de la casa, que fue construida sobre una terraza que a su vez fue financiada con fondos destinados para reparar caminos destruidos por el devastador huracán Mitch, en 1998.
JUSTICIA DE PAPEL
La casa de mar de Jerez está inscrita a nombre de la esposa de Byron, Ethel González de Jerez, y fue intervenida por la juez Mariana Gómez, a solicitud de la Procuraduría General de la República (PGR), luego que la juez Primero de Distrito del Crimen de Managua, Juana Méndez, ordenara en septiembre del año pasado que se le embargasen los bienes a los culpables de lavar dinero y defraudar al Estado, entre los cuales se encontraban Jerez y su esposa, en el caso conocido como “la huaca”, donde millones de dólares fueron malversados por el ex presidente Arnoldo Alemán y funcionarios de su gobierno.
La mansión de Jerez se comenzó a construir a finales de 1999 con fondos del Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI), destinados a las reparaciones de los caminos destruidos por el huracán Mitch.
La Contraloría encontró responsabilidad penal para Jerez, por permitir que más 412,861 dólares destinados a obras sociales se usaran para su beneficio personal. Este caso está pendiente de fallarse en la Corte Suprema de Justicia, para que después pase o no a manos de un juez.
SIN VIGILANCIA
La propiedad, a pesar de que fue intervenida por el Estado, quedó en depósito de la hermana de Byron, Ena Jerez, por ser ésta la única familiar que se presentó a recibir la orden judicial.
Ena Jerez, según la orden judicial, no puede sacar ni vender nada de la casa, sin una orden judicial. La casa quedaría, luego de su intervención judicial, bajo resguardo policial, pero esa vigilancia no se ha cumplido.