- Mayorga mientras se acerca la hora
Edgard Tijerino M.Enviado especial [email protected]
ATLANTIC CITY.- Instalado en esa suite del piso siete en el Hotel Caesars Palace, Ricardo Mayorga se siente como uno de los Césares.
Habitualmente, esa suite cuesta mil dólares diarios, pero Don King seguramente obtuvo una rebaja. Rigoberto Garabaldi, el entrenador, funciona además como asesor y escolta. Todo el día. Se retira a su habitación hasta que el Campeón se duerme y queda pendiente del sonido del teléfono.
“No tuve problemas para registrar las 147 libras. Puedo permanecer ahí el resto de mi vida pero tengo otros retos, como buscar a Shane Mosley y Oscar De la Hoya”, dijo mientras avanzaba por los pasillos del Hotel Bally.
¿Cuánto ganará?, no se sabe, pero se ha filtrado que posiblemente tenga garantizado un millón de dólares y una cifra similar para medirse con Mosley en marzo.
Es, al revés y al derecho, con o sin permiso de Bernard Hopkins, la gran atracción de la cartelera y el periodismo norteamericano lo encuentra genuinamente gracioso y sencillamente impresionante.
“Este es el tipo que fuma, bebe y trasnocha como si nada. Sube al ring y noquea. No hay forma de neutralizarlo”, escribe un columnista.
Sabe que todas las miradas son para él y levanta la cabeza mientras avanza, pavoneándose. No por jactancia, sino por disfrutar plenamente esos momentos que una infancia extremadamente cerrada, le negó.
Cuántas sensaciones y emociones pueden leerse en el rostro tostado por el sol de la pobreza pero hoy resplandeciente de Ricardo Mayorga.
“YO SOY YO”
Más allá de sus desplantes, de esa agresividad verbal incontrolable, el muchacho sabe que provoca admiración. Es por ahora, un diamante rescatado del barro.
En contraste con algunas actitudes, tiene un respeto profundo y un cariño muy bien cultivado por sus padres, agregando un sólido concepto de la amistad.
Es generoso sin detenerse a entrar en hacer cálculos, como si el próximo instante no le preocupara.
Siendo tan espontáneo como su golpeo, todavía no se maneja con habilidad frente al periodismo.
“Yo soy yo y no trato de parecerme a nadie”, dice, como sacando la frase de un corrido mejicano.