La mirada de la Virgen de Guadalupe

Federico Dueñas

¿Cuándo domina la razón? ¿Cuándo domina el corazón? ¿Cuándo creemos estar maduros para abrirnos a la voz de Dios? ¿Hay un momento especial que el destino te determina y lo sabes aprovechar?

Pienso que el Señor te llama múltiples veces durante el curso de tu vida y si tú aprovechas y atiendes oportunamente a su llamado, tu gozo espiritual será indescriptible y durará el tiempo que tú mismo quieras. ¿Mágico? No, nada de eso. El Señor respeta tu libertad de decisión sencillamente. Al menos ésa es mi humilde experiencia, ¡gracias a Dios!

Durante mi niñez y parte de la adolescencia, mi formación escolar se desarrolló en la gran ciudad de México, en un colegio religioso regentado por hermanos maristas norteamericanos. Rígidos en disciplina escolar y pródigos en el amor de Dios. Mi carrera la estudié en la Universidad Iberoamericana (de Jesuitas), en la que estudié, adicionales a los créditos de mi carrera, más de diez créditos (optativos) en Teología y Sagrada Escritura.

En mi pose intelectual del momento yo no aceptaba el milagrito de la “sagrada Concepción de María”, sencillamente porque mi razón lógica no lo comprendía, y punto. Además, había un sinfín de comunistas, “ateos gracias a Dios”, e intelectuales y artistas de moda que compartían mi juvenil y bullanguero punto de vista. ¡Estaba yo “in”, dentro de la moda protesta de los sesenta! Hubo en mi juventud “intelectualoide” épocas inquietas y de extremos, como cuando leí Derrota Mundial de Borrego, El Judío Internacional de Ford o Talmud, Kahal y 666 de Thomas Mann, o Mi Lucha, de Hitler, hasta panfletos cósmicos de Chardin de los años sesenta. Así andaba yo de “enchibolado” en esa época. Supongo, no era mi momento.

Tuvo que ser años después, aquí en Nicaragua, durante un retiro de cursillos en Gruta Javier, donde vine a realizar, donde se me dio el regalo de conocer y de aceptar a María como Madre de Dios. La Escritura está bien clara, somos nosotros los que nos confundimos, nos queremos confundir o somos confundidos por el Maligno. La Virgen María, con su maternal autoridad, domina y obliga a su hijo Jesús a obedecerle, aún contra su misma voluntad. Evidencia de ello el pasaje de las Bodas de Caná (S.J; 2, 2-9), cuando ella se percata que se acabó el vino y le dice a su hijo: “No tienen vino. ¿Qué tienes conmigo, mujer, aún no ha venido mi hora”. Ella sin hacer caso de su negativa les dice a los que servían, “haced todo lo que él os dijere”, y así fue que se realizó el primer milagro de la vida pública de Jesús. Fue su madre la que le arrancó un acto que él no tenía en mente realizar. ¿Cuántas cosas no podrá hacer ella cuando intercede por nosotros ante su divino hijo? No desperdiciemos este canal directo al corazón de Jesús en auxilio nuestro.

La santa imagen de la Virgen de Guadalupe, impresa milagrosamente en el Tilma de San Juan Diego, la Emperatriz de América, es la reliquia más sagrada e importante de la Iglesia Católica en Latinoamérica. Miles de milagros anuales le son acreditados por la agradecida feligresía, desde su aparición en 1531. Las tradicionales peregrinaciones a la Basílica del Tepeyac a donde llegan en esta época siete u ocho millones de fieles, son acontecimientos que únicamente la fe y el amor a la Guadalupana pueden inspirar. En la parte izquierda superior del escritorio privado de Su Santidad Juan Pablo II hay un pequeño retrato de la imagen de nuestra bella Morenita. ¿Qué es para ella pedir a su hijo por el bienestar de Nicaragua? ¿Quién no se enternece ante su maravillosa mirada maternal?

El autor es empresario.

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