Marlon José Navarrete Espinoza
Tomando las características históricas se pueden vislumbrar aspectos de gobierno comunes en los socialistas marxistas. Ellos suelen nacionalizar la banca y concentrar en el Estado las finanzas, a la vez que expropian o confiscan las empresas y propiedades privada, ya que por sus principios radicales no creen en estos derechos inalienables.
La toma por la fuerza de bienes ajenos se hace en nombre de reivindicaciones sociales y revolucionarias, pero provoca temor generalizado. Al pasar las empresas y bienes de producción a manos de trabajadores, campesinos y clases populares, operan con pérdidas y quiebran por falta de habilidades gerenciales o administrativas. En consecuencia baja la producción, aparecen la especulación, la inflación, la falta de confianza y credibilidad en la economía y el Gobierno. Pronto se da la confrontación política, los espacios de comunicación se van cerrando, la libertad de expresión y pensamiento son amenazadas y reprimidas y entra el lenguaje de violencia ideológica. Todo este proceso polarizante resulta traumático para la nación.
En Nicaragua ya lo experimentamos y lo volveríamos a vivir en el futuro si el señor Daniel Ortega vuelve al poder con su FSLN hambriento de venganza.