Con fe en María

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Con fe en María





Es evidente que la devoción, la fe y el culto a María se mantienen firmes en Nicaragua, e inclusive aumentan a pesar de las dificultades de la Iglesia Católica y del avance innegable de otras confesiones cristianas.

En realidad, además de la fe que cada católico tiene mucha en María, el pueblo en su conjunto cada vez que ha afrontado una gran desgracia —un desastre natural o una catástrofe política y social— ha acudido a la Divina Intercesora en busca de auxilio, y como la fe mueve montañas, siempre lo ha encontrado. Inclusive, la única aparición reconocida de María en Nicaragua (Cuapa, 1982), fue para animar al pueblo que sufría bajo el totalitarismo sandinista y ayudarle a vencerlo en las luchas que culminaron con las elecciones de febrero de 1990.

De manera que para la mayoría de los nicaragüenses el culto a María no es sólo una obligación ritual derivada de que la cristiandad católica la venera como Madre de Dios (Theotokos) desde el año 325 después de Cristo, cuando así fue consagrada oficialmente por el Concilio de Efeso, la ciudad que originalmente era de Grecia y ahora es de Turquía, donde en la antigüedad se encontraba el templo de la diosa Artemisa y en la época del nacimiento del cristianismo las predicaciones del apóstol Pablo apasionaron y convirtieron a muchedumbres de gentiles y paganos.

O sea que el culto a María viene desde mucho antes de la proclamación del dogma de su Inmaculada Concepción, en diciembre de 1854, por el Papa Pío IX. Y la discusión acerca de su carácter histórico o divino es tan vieja como el mismo cristianismo. En este sentido, el aspecto nuevo es la aproximación lograda por las diversas creencias cristianas sobre el rol y lugar de María en el contenido de la fe.

En efecto, los cristianos ortodoxos consideran —según Vladimir Zelinski, profesor de religión ortodoxa en la Universidad de Florencia— que “Theotokos (Madre de Dios: María) es el único ser que está entre lo creado y lo no creado (y por lo tanto) toda oración a Dios es también una oración a María”. O sea que reconocen la divinidad de la Virgen aunque no estiman necesario rendirle culto en forma particular. Y en el protestantismo, según lo explicó el pastor protestante y profesor de la Facultad Valdesa de Teología, Fulvio Ferrario —en el debate de la Cátedra Mujer y Cristianismo, de la Pontificia Facultad Marianum, en Roma, el miércoles 14 de mayo del 2003—: “los padres de la Reforma, Lutero (Martin, 1483-1556) y Zwinglio (Ulrico, 1484-1531) escribieron muchas páginas sobre la Virgen María, siempre en contexto cristológico, es decir, siempre que el discurso de María tuviera algún significado con Jesucristo”. Y agregó Ferrario que “en la Reforma aceptamos la viginidad de María en el nacimiento de Cristo y consideramos que los llamados ‘hermanos de Jesús’ son sus primos”.

Por otro lado, el culto a María que trajeron a América los españoles prendió fácilmente en la conciencia de las masas nativas de México y Centroamérica que sobrevivieron al exterminio de la conquista, porque se fundió con las creencias ancestrales en Tonantzin, la diosa madre de nuestros antepasados aborígenes que tenía su centro de adoración en el Tepeyac, México, precisamente donde María (la Virgen de Guadalupe) se apareció ante el indio nahua Juan Diego, en 1531.

De manera que cuando el padre Gordiano Carranza convocó en León a la primera Gritería, el 7 de diciembre de 1857, como una alegre víspera popular del Día de la Virgen y en agradecimiento por su ayuda a derrotar a los filibusteros (razón por la cual el general Tomás Martínez la proclamó “capitana general del Ejército”), sembró en terreno espiritual fecundo en el que esta celebración mariana floreció como la mayor festividad de Nicaragua.

Y hoy la población nicaragüense católica celebra a María con agradecimiento porque escucha sus ruegos de ayuda en la lucha contra los corruptos, y con fe en que le ayudará a salir bien de la crisis provocada por los caudillos corruptos y autoritarios del PLC y el FSLN, igual que antes le ayudó a sacudirse las dictaduras somocista y sandinista. Así sea.

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