Los muertos que salen

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Los muertos que salen





En uno de sus más conocidos dramas históricos (“Ricardo III”), Wiliam Shakespeare narra la impactante escena en que los fantasmas de las personas que fueron asesinadas por ese ambicioso y despiadado monarca británico, se le aparecen precisamente en la víspera de la crucial batalla de Bosworth, en la que en un esfuerzo desesperado por escapar y salvar la vida, el derrotado rey asesino ofrece inútilmente cambiar su reino por un caballo.

El significado de este dramático pasaje es, sin duda, que inevitablemente se paga por los errores cometidos, que el complejo de culpa persigue de manera implacable a quienes delinquen, y que la gravedad del castigo es siempre correlativa a la magnitud del crimen perpetrado, por muy poderoso que sea o hubiese sido el personaje que lo perpetró.

Es oportuno reflexionar sobre este episodio histórico a propósito de la información que se dio a conocer esta semana, de que un tribunal de Nüremberg, Alemania, ordenó la captura de tres altos ex jefes militares de Argentina que formaron parte de una junta de gobierno dictatorial que gobernó sangrientamente ese país en la década setenta del siglo recién pasado, entre ellos al ex presidente Jorge Videla.

A Videla, al ex comandante de la Armada, Emilio Massera, y al general también retirado Guillermo Suárez Mason, quienes guardan prisión domiciliar en su país por el cargo de adopción ilegal de niños de personas que murieron durante la represión de la dictadura militar, la justicia alemana los acusa por el asesinato de los estudiantes Klaus Zieschank, en 1976, y Elisabeth Kaesemann en 1977. Sin embargo, de inmediato el juez federal argentino que investiga las denuncias de violaciones de derechos humanos cometidos durante los regímenes militares, Rodolfo Canicota, declaró que no es factible que los acusados sean extraditados a Alemania porque ya son procesados en su propio país.

Es la primera vez que una corte extranjera ordena cárcel para militares argentinos ex gobernantes. Y la verdad es que sólo hasta en agosto de este año el Congreso de Argentina derogó las leyes de amnistía y “punto final” que fueron dictadas durante el gobierno del ex presidente Raúl Alfonsín, así como una ley que obligaba a rechazar las solicitudes de extradición de militares acusados en tribunales extranjeros por violaciones a los derechos humanos. Pero es muy difícil, por no decir imposible, que algún militar retirado o en activo sea extraditado para responder ante la justicia de otro país, a pesar de que Argentina fue parte fundadora de la Corte Penal Internacional (CPI), y uno de los fiscales de dicho tribunal, el jurista Luis Moreno Ocampo, es argentino.

La verdad es que en todos los países latinoamericanos que sufrieron bajo las sangrientas dictaduras militares prevalece el criterio de “borrón y cuenta nueva”, o que por soberanía nacional debe ser la justicia local la que juzgue a los acusados por crímenes contra los derechos humanos, aunque entre sus víctimas hubieren ciudadanos o súbditos de otros países. Lo que significa en realidad dejar en la impunidad a los criminales, o juzgarlos por delitos menores e imponerles leves penas de prisión domiciliar.

Aún en los países latinoamericanos que se dicen abanderados de la creación de la CPI para juzgar a genocidas y violadores masivos de derechos humanos, se invoca el principio de que no se puede aplicar la ley de manera retroactiva, y que también en el ámbito de la justicia internacional se debe aplicar el precepto de que nadie puede ser juzgado dos veces. O sea que personas que ya fueron juzgadas —y absueltas o perdonadas— en sus propios países, no deben ser sometidas a la jurisdicción de la CPI ni de ningún Estado extranjero. Y esto, precisamente, es lo que ya alegó el juez argentino Rodolfo Canicota en el caso de la orden de prisión que dictó el tribunal alemán de Nüremberg contra los generales Videla, Massera y Suárez Mason.

Pero los fantasmas de las víctimas de los dictadores militares, y no sólo de éstos sino también de los políticos corruptos que se robaron las medicinas y los alimentos de los más necesitados y asesinaron indirectamente a muchos de ellos, le seguirán saliendo implacablemente a sus asesinos, como en el caso de los generales argentinos.

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