Mauricio Mendieta H.
La democracia y la justicia en Nicaragua han sido agredidas una vez más. El agresor tiene nombre y apellido: Daniel Ortega , quien sigue cometiendo iniquidades y atentando contra la gobernabilidad y estabilidad del país, con la misma tranquilidad de conciencia que cuando cometió las agresiones contra la población durante los 10 años y 9 meses que tuvo el poder absoluto de la nación.
Lo sucedido el pasado miércoles 24 de noviembre puso en evidencia de forma clara e inequívoca, que el Poder Judicial es manejado, manipulado y controlado por Daniel Ortega y el orteguismo.
Si no hay justicia en el país no puede haber derecho, y si no hay derecho no puede haber inversión, ni nacional y mucho menos extranjera, inversión que la nación necesita con urgencia para generar la riqueza y puestos de trabajo necesarios para combatir efectivamente la pobreza. De tal manera que el secuestro en que mantiene Ortega a la justicia está en contra de los intereses de la clase más necesitada y empobrecida, que representa más de 2 millones de nicaragüenses.
Daniel Ortega hiere también profundamente la nicaraguanidad de muchas personas de este país, ya que en vez de sentirse orgullosos de la nacionalidad, ante actos semejantes se avergüenzan de ser nicaragüenses.
Las cúpulas del FSLN y del PLC pretenden cancelar y posponer las elecciones municipales. La separación de las elecciones municipales de las generales permitió un avance importante en el desarrollo de nuestra democracia, ya que con dicha separación se consiguió establecer una forma de elección definitivamente más democrática, al eliminarse la votación en cascada.
La democracia de Nicaragua se encuentra seriamente amenazada por las cúpulas políticas de ambos partidos, ya que de llevarse a la práctica las amenazas de reformas anunciadas significaría un insólito retroceso del proceso democrático que vive la nación.
El señor Presidente de la República, ingeniero Bolaños, está en la obligación y en el deber, con el derecho que le asiste, de utilizar todos los medios e instrumentos constitucionales y legales para defender la frágil democracia, y no permitir ser chantajeado ni por personas ni por organización política alguna.
Decía un ilustre pensador latinoamericano que “el fundamento de la democracia y su razón de ser está en la capacidad que tienen los ciudadanos para decidir con libertad y responsabilidad sobre los asuntos públicos”. La crisis política generada es un asunto público y como tal deben los ciudadanos expresarse y participar activamente en defensa y a favor de la democracia.
El líder mundial de la resistencia pacífica Mahatma Gandhi también expresó que “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala, es el silencio de la gente buena.
No se debe ni puede seguir permitiendo que el actual sistema democrático que tanto esfuerzo, sacrificio, dolor, sufrimiento y sangre ha costado al pueblo, que luchó por tantos años y bajo diferentes formas con la esperanza de ver algún día instaurado en el país un sistema democrático que fuera verdadero garante de los derechos y libertades de todos los nicaragüenses sin excepción, continúe siendo manejado, manipulado, cambiado y mancillado de acuerdo a intereses partidarios, sectarios y personales.
El autor es médico.