Algunas reflexiones sobre la pobreza

Silvio J. Mé[email protected]

Nicaragua, amado país, cantado por poetas, defendido con sangre de sus patriotas, la tierra de ríos y montañas, lagos y volcanes, sufre el estigma de la pobreza y la humillación de la miseria.

Los hombres son autores de su propio destino y la nación nicaragüense está en capacidad de salir de la pobreza o continuar en la miseria. Todas las personas tienen errores y debilidades, no obstante, en esta reflexión tomo en cuenta las debilidades colectivas que como conjunto social se cometen y llevan hacia la miseria.

Nicaragua es un país rico con una población empobrecida por las políticas que gobiernan y la corrupción que rige en todos los ámbitos y niveles sociales. Se usa la política como un medio de vida, no como un honor de servir a la Patria con honestidad y abnegación. El país está empobrecido porque no se deja que los mejores ciudadanos sirvan al país. Éstos tienen temor a la crítica dañina, que al ejercer sus funciones sean criticados dolosamente, denigrándoles, atentando contra su dignidad, actitud que se vuelve letal al ser éste un sistema aceptado por todos.

“El bien político es la justicia, que consiste en lo conveniente para la ciudadanía”. (Aristóteles). Sin embargo, la gente está empobrecida porque sus líderes electos a cargos públicos tienen actuaciones favorables únicamente a sus partidos, dejando a un lado el avance nacional, olvidándose que fueron electos para servir a una población, no para defensa y avance político de sus partidos. Ponen su conocimiento como máximo al servicio de las próximas elecciones, no sabrían ponerlo al servicio de próximas generaciones, porque no tienen visión, no tienen metas ni propósitos de cambio.

El país es empobrecido porque se le paga demasiado a los servidores en el Gobierno, cuando este servicio debería ser un honor, un sacrificio ciudadano en aras del avance de la nación.

La nación es empobrecida porque los diputados se preocupan sólo por su bienestar partidario y en cómo derrochar el salario que reciben, mientras otros servidores del Estado se endiosan en sus puestos, no bajan a la llanura a resolver los problemas de sus conciudadanos. Mientras tanto los pobres pierden su tiempo preocupándose en cómo llevar el bocado a su hogar buscando la próxima donación. Ya no se ve a los pobres, se les usa pero no se les considera como prójimos.

El país es empobrecido porque los líderes no dejan que quienes los siguen crezcan en su liderazgo, se quieren entronizar en el poder político y económico para su beneficio, sin detenerse a pensar que al crecer las bases sociales y económicas, crece la Patria y crecen las personas también.

La nación es empobrecida porque la justicia no se aplica a quien tiene la razón, el derecho, sino a favor del que conoce a la persona de influencia, entregando decisiones injustas que benefician al delincuente. Da envidia el éxito del vecino y en vez de reconocerlo e imitarlo, se espera con ansiedad su fracaso y si se puede, se contribuye a impulsar ese fracaso, celosos por el éxito que no se pudo obtener. O sea que se es empobrecido porque se rehúsa aprender de los que han tenido éxito.

El país es empobrecido porque cuesta identificar la belleza natural del país, se le utiliza como un gran basurero, lo que estorba se tira a la calle, ríos, caminos, playas, montañas, parques, en vez de reciclar la basura utilizándola como fuente de energía y fertilizante. Se acaban las montañas con el talado de árboles, lo que al mismo tiempo extermina las fuentes de agua, flora y fauna, explotable y no explotable.

La nación está empobrecida porque no se cree en las propias habilidades, y por lo tanto, no se cree en las de los demás. La confianza interpersonal se ha acabado, no existe lo que era costumbre hace 30 años, cuando la palabra de una persona era su honor. El país está empobrecido porque no se sabe aprovechar el tiempo, ser cumplidos, estar a tiempo con los compromisos. De nada sirve que lleguen ríos de dinero si la actitud no cambia; no hay capital emocional para enfrentar los retos, siempre se espera que alguien, un milagro, solucione los problemas.

Hay que reconocer las debilidades, mejorar; el reto para sacar al país de su postración requiere un esfuerzo nacional, sólo equiparable a los retos tomados por los antepasados de liberar a la Patria, donde su sangre, su intelecto, fue mezcla santa para la independencia. Se necesita un esfuerzo semejante para lograr libertad económica, si no, ¿de qué quejarse si uno mismo es el autor de su propia pobreza? Entonces se podrá comprender la sabiduría de la vieja expresión: “Hemos descubierto al enemigo: somos nosotros”.

El autor es candidato a PhD en Ciencias Políticas.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí