Freddy Potoy [email protected]
MADRID, ESPAÑA.— Era la tarde del domingo 30 de noviembre. Un clima muy frío y nuboso anunciaba la rápida llegada de la lluvia al anochecer en Madrid. Durante todo el día miles de personas alimentaban una gigantesca fila para entrar al Museo de El Prado a ver la exposición de cuadros del pintor francés Eduard Manet y de paso, los de Goya o Velásquez, mientras en otro lado de la capital, otros españoles lloraban la muerte de siete agentes de inteligencia que estaban en Irak.
Los familiares y amigos de las víctimas, funcionarios del Gobierno y altos mandos militares recibieron los féretros de los agentes. El presidente José María Aznar pronunció un discurso en el que decía que España mantendrá las tropas en Irak para luchar contra el terrorismo.
Lo cierto es que después de la caída del régimen de Saddam Hussein, en Irak se intensifica una postguerra sangrienta. Un día después de la muerte de los agentes españoles, la respuesta de las tropas norteamericanas no se hizo esperar y con toda la fuerza de su artillería se enfrentaron a un grupo de hombres leales al extinto régimen de Hussein, dejando un saldo de 50 muertos y varios heridos. La sangre corrió tanto que los bomberos tuvieron que lavar las calles con sus mangueras.
Algunos países de Europa están tomando la medicina que recetan en el Medio Oriente. Es triste, lamentable, pero éstos son los costos de la guerra. Inglaterra ya puso sus muertos, luego Italia en otro lado y ahora España. En estos últimos días también murieron dos diplomáticos asiáticos.
En España, como es natural, se ha encendido el debate político alrededor de la permanencia de las tropas de este país en Irak. Los partidos opositores cuestionan a Aznar porque consideran que ésta es una guerra innecesaria donde el país pierde mucho, sobre todo, vidas humanas.
Los triunfos o las derrotas, las alegrías y las tristezas, los ciudadanos de los países europeos, indistintamente de su nacionalidad, lo sienten como propios por ese alto grado de unión continental y porque para muchos, cuando hay llanto, dolor y muerte por las guerras modernas, esto sólo recuerda las batallas épicas que se libraron en años o siglos anteriores.
Sólo por mencionar algunos casos, a Alemania, Europa y el mundo nunca se le olvidará la imagen de Adolfo Hitler. Italia por siempre recordará a Benito Mussolini, España no olvida al régimen franquista. Europa tampoco olvidará el sistema socialista que durante décadas se instauró en este continente liderado por la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Sin embargo, todo este pasado de batallas en Europa no se toma en cuenta para poner fin a enfrentamientos armados. La ONU sigue ahí como una figura decorativa, mientras hay quienes ya dicen que la OTAN debe meterse en el asunto del Medio Oriente.
España ha enviado a 150 soldados más a Irak y queda pendiente otro grupo de militares que viajará a ese país. De tal forma que la postguerra sigue con trazas de una “guerra prolongada” hasta que los países aliados así lo decidan, mientras las víctimas de ambos bandos seguirán desgranándose de uno en uno, de cinco en cinco, de diez en diez, de cincuenta en cincuenta, o en las cantidades que sean.