Edgar Zurita
La XIII Cumbre Iberoamericana, celebrada el 14 y 15 de noviembre en la ciudad boliviana de Santa Cruz, ha aprobado una declaración que expresa un giro, por lo demás positivo, respecto de las dos anteriores (Perú y República Dominicana).
Y es altamente positiva porque, en medio de una realidad caracterizada por fuertes y crecientes convulsiones sociales y políticas, los Jefes de Estado, al menos en la formulación, han identificado, casi con precisión, las causas históricas y estructurales de la exclusión y de la extremada pobreza, particularmente en los países de América Latina. Pero además del diagnóstico, que en términos generales es común al que se tiene desde otras instancias no estatales, proponen algunas medidas para revertir esos fenómenos que han provocado en los últimos 20 años una mayor polarización entre la riqueza y la pobreza.
Una de ellas es la decisión de respaldar y fomentar el microcrédito. Los Jefes de Estado se han encargado de reconocer que, en el actual proceso de reducción o privatización de las empresas estatales, otrora principales fuentes de empleo, la micro y la pequeña empresa son fundamentales en la generación de riqueza y empleo, y también en aminorar la exclusión de amplios sectores de la población. Y ese reconocimiento es de vital importancia pues, como no había ocurrido hasta ahora, si bien se destaca el papel de las políticas de ajuste estructural en la construcción de estabilidad macrofinanciera, a la vez se cuestionan sus resultados a nivel de la microeconomía. Es decir, se admite que esas medidas, por lo general impuestas por los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, no han logrado responder a las demandas ni elevar la calidad de vida de la población. Ése es un buen punto de partida.
En ese contexto, es importante anotar que el microcrédito no es la varita mágica con la cual se acabará la pobreza ni se reducirá la exclusión social. Es apenas un instrumento más de lo que debe ser una estrategia integral. Pero, para que el microcrédito tenga un impacto positivo se requiere que las legislaciones financieras internacionales, como los acuerdos de Basilea, sean adaptadas también al funcionamiento y a las características de las instituciones que operan en el ámbito del microcrédito, llámense estas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), Fondos Financieros Privados (FFP) o Cooperativas.
Es también necesario que el microcrédito no se confunda con medidas asistencialistas ni paternalistas que tampoco ayudan a resolver los temas de fondo. Se trata de que, como bien resalta la declaración de la Cumbre Iberoamericana, se entienda que los recursos destinados al microcrédito, a cuyo crecimiento de la cartera deberían coadyuvar los gobiernos con legislaciones más claras y menos burocráticas, se destinen a inversiones productivas y a facilitar que los productos generados por la micro y pequeña empresa tengan facilidades de competitividad en los mercados internos, pero sobre todo en su exportación.
No se trata, además, de crear nuevas entidades. De hecho, en cada uno de los países de América Latina ya existen un conjunto de organizaciones, reguladas o no, con una vasta experiencia en el manejo del microcrédito. Se trata, hay que insistir, en que los estados, que también están llamados a recuperar cierta forma de participación en las economías, vayan generando condiciones favorables para que los beneficiarios directos de las diversas formas de microcrédito, lo hagan con posibilidades ciertas de éxito en términos de producción, productividad y generación de riqueza y empleo.
Los micro y pequeños empresarios, que por lo demás son los que mejor honran sus compromisos y deudas, necesitan estar libres de las trabas de toda índole que muchas veces hacen tambalear sus unidades productivas o de comercio.
En conclusión, la Declaración de Santa Cruz de la Cumbre Iberoamericana es positiva, representa un avance. Dependerá ahora de su materialización en cada uno de los países iberoamericanos. El desafío está planteado y los gobiernos tienen la palabra.
Edgar Zurita es director ejecutivo del Fondo Latinoamericano de Desarrollo (Folade) con sede San José de Costa Rica.