Los diez mandamientos para crecer y progresar

Aníbal Arauz

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Los diez mandamientos para crecer y progresar


Aníbal Arauz




Nicaragua está como está por culpa los nicaragüenses y de nadie más. La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Países como India y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad, son pobres. Australia y Nueva Zelanda, que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos, son hoy, sin embargo, desarrollados y ricos.

La diferencia entre países pobres y ricos tampoco radica en los recursos naturales con que cuentan. Japón, que tiene un territorio muy pequeño de cual el 80 por ciento es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería, es una potencia económica mundial pues su territorio es como una inmensa fábrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta, transformados, a todo el mundo, logrando así su riqueza.

Suiza, sin océano pero con una de las flotas navieras más grandes del mundo no tiene cacao pero tiene el mejor chocolate del mundo. En sus pocos kilómetros cuadrados pastorea y cultiva sólo cuatro meses al año, ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de Europa; y al igual que Japón, no tiene recursos naturales pero da y exporta servicios con calidad difícilmente superable. Es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo, y que lo han convertido en la caja fuerte del mundo.

La inteligencia de las personas tampoco es la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación. Otro ejemplo es el de los ejecutivos de países ricos que visitan las fábricas del país. Al hablar con ellos uno se da cuenta de que no hay diferencia intelectual.

En la actitud de las personas se puede hallar la diferencia. Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas:1) la moral como principio básico; 2) el orden y la limpieza; 3) la honradez; 4) la puntualidad; 5) la responsabilidad; 6) el deseo de superación; 7) el respeto a la ley y los reglamentos; 8) el respeto por el derecho de los demás; 9) el amor al trabajo; 10) el afán por el ahorro y la inversión.

¿Se necesitan más leyes? Quizás, pero sería suficiente con cumplir y hacer cumplir esas diez simples reglas.

Hay que dejar de esperar de que todo caiga del cielo, porque mientras se sigue esperando que los países desarrollados sean los que construyan e inventen el futuro y cada uno de nosotros se eche a dormir, al despertar, se verá que no se adelanta mucho en comparación al resto. Entonces vendrán las quejas, los llantos, los consuelos mutuos, para al voltear a ver hacia atrás darse cuenta de que todo ha sido por la ignorancia y la irresponsabilidad de uno mismo.

Es hora de aprender de los propios errores, de levantar la cabeza y aprender de los fuertes y de los audaces, porque sólo así es posible salir adelante y no tener que echarle la culpa a los demás.

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