Enrique Bolaños G.
Se dijo en el Diario LA PRENSA que el optimismo que se respiraba en el país estalló en mil pedazos, la semana pasada, cuando la juez regresó a su domicilio por cárcel al doctor Arnoldo Alemán. Ahora es una cárcel mucho más grande: del tamaño del municipio de El Crucero. El país está en “shock”, dijo El Nuevo Diario.
Esto es resultado de pláticas entre los dos caciques políticos que sólo piensan en sus intereses egoístas. La gente tiene razón en indignarse. Es un duro golpe a la justicia y también lo hacen para chantajearnos, al pueblo, a mí y a mi gobierno.
El pueblo se pregunta: Después de tanto sacrificio que hemos hecho para lograr el perdón de la deuda externa por medio de la HIPC, que ya la tenemos casi en la bolsa, ¿van estos dos caciques políticos a volver a dañar al pueblo y sus esperanzas? Yo les digo a los nicaragüenses: ¡No pueden, hombre!
Lo más que pueden hacer estos dos caciques políticos es posponer las elecciones municipales para hacerlas junto a las presidenciales, como eran antes. De ahí no pasan, y esto no atrasará a la HIPC, aunque no nos guste que se atrasen las elecciones.
Pero si hicieran otras locuras egoístas y atentaran contra la HIPC y la estabilidad económica, política y social del país, ellos estarían traicionando a la Patria. Si así fuera, la opinión pública los colgaría con la pérdida total de su credibilidad y futuro político, si acaso todavía les queda algo. El pueblo siempre guarda en su corazón la memoria de las traiciones.
Sería traicionar al país porque ya se vio cómo, ante la evidente politización de la justicia, Estados Unidos congeló 49 millones de dólares que financiaría al sistema judicial. Esta politización de la justicia también preocupa al resto de la comunidad de países donantes y debemos evitar que los motive reconsiderar el perdón de la deuda.
Cualquier duda acerca del perdón de esa deuda preocupa a todos los nicaragüenses que de verdad queremos a la Patria y hace que los caciques políticos no se atrevan a hacer cosas que desemboquen en la pérdida de la HIPC, traicionando así al pueblo de Nicaragua.
Pero yo no traiciono a mi país. Yo estoy siempre comprometido con mi pueblo para conducir la guerra contra el verdadero enemigo que es la pobreza. Una de las principales batallas de esta guerra es lograr el perdón de la deuda… y ya lo tenemos ese perdón.
He hablado con los países y organismos y los he convencido de que el pueblo merece el perdón de la deuda por sus grandes sacrificios desde hace diez años. El pueblo se lo merece, esté Alemán en El Chile, en El Crucero o en su lujosa celda de la DIC, o porque se cambien las fechas de las elecciones de los alcaldes.
Para completar y formalizar el perdón de la deuda sólo queda la aprobación del Presupuesto General del 2004, en la Asamblea Nacional. Y esta semana lo tendremos aprobado. Me he arremangado la camisa para que se apruebe el Presupuesto y para que tengamos la HIPC. Estoy cumpliendo. Yo sé que los nicaragüenses tienen fe en su Presidente y todos tenemos fe en Dios para poder hacer de Nicaragua un mejor país.
Ya una vez aprobado el Presupuesto, seguiremos con la aplicación del Plan Nacional de Desarrollo para que tengamos más empleo, más carreteras, más caminos, más producción, más salud, más educación… más progreso y bienestar.
Hay que tener fe. Quieren chantajearnos, quieren asustarnos, pero no nos desviaremos de la dirección correcta por la que transita el país. Seguiremos ordenando y limpiando el país de todos esos problemas. Hemos resuelto peores dificultades que la de ahora. Los nicaragüenses no deben preocuparse: aquí nadie dijo miedo.
Que Dios bendiga a Nicaragua, a todos los nicaragüenses, y que pasemos una alegre Gritería para que gritemos: ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María!
El autor es Presidente de la República de Nicaragua.