Gobernarán sobre cenizas

Eduardo Enríquez [email protected]

Ocho días han bastado para que los caudillos Daniel Ortega y Arnoldo Alemán pongan a este país de cabeza. Todo parecía que iba estabilizándose: con un perdón de la deuda prácticamente garantizado, el presidente Enrique Bolaños había acordado –hace apenas dos semanas– una relativa estabilidad política con Daniel Ortega; y la precaria lucha contra la corrupción, que aunque no era total, al menos había logrado atrapar al pez más gordo. Pero en la puerta del horno se está quemando el pan.

Los caudillos se sintieron amenazados, y con razón, porque todo progreso inevitablemente pasa por remitirlos a quién sabe qué rincón del pasado. Y ese era el rumbo que llevaban las cosas, con uno de ellos preso y el otro con una daga apuntada al corazón de su poder, el sistema judicial. Ante eso, los caudillos prefieren hundir al país antes de soltar las tenazas que tienen alrededor del cuello de los nicaragüenses.

No se puede obviar el garrafal error de cálculo cometido por el presidente Bolaños al subestimar a Ortega y su control sobre el Poder Judicial, así como creer que con el rabioso discurso anticaudillista de los estadounidenses, bastaba para que los diputados liberales le dieran la espalda a su máximo líder. Sin embargo, esa pifia no justifica que ahora Ortega y Alemán pretendan voltear la Constitución como un calcetín, anular al presidente y dejar al país al borde de la catástrofe económica.

Porque con 80 diputados ellos podrían hacer cualquier cosa con la Constitución. Están comenzando por posponer las elecciones municipales y juntarlas con las nacionales.

Las reformas van más allá, apuntan a dejar “pintado en la pared” al Presidente, obligándolo a contar con la aprobación de la Asamblea para nombrar ministros y embajadores, y desde el Poder Judicial la “diligente” juez Juana Méndez le está reabriendo el juicio por delitos electorales.

Pero ese festín no será gratis. Y somos los nicaragüenses los que lo vamos a pagar. La comunidad donante, que lleva más de 20 años ayudando a Nicaragua, no está dispuesta a seguir echando el dinero de sus contribuyentes en el saco de los caudillos criollos. Ayer Estados Unidos cortó los programas de ayuda al Poder Judicial, y la Unión Europea advirtió que la independencia de ese Poder era también un requisito para que Nicaragua siga adelante con sus programas de recuperación, dice un cable de la agencia EFE originado en Bruselas. O sea, que en medio de este relajo no habrá perdón de deuda.

Sin perdón de deuda el país es inviable. Se borran de inmediato cinco mil millones de córdobas del Presupuesto General de la República, y habría que ver en cuánto queda la recaudación que estaba estimada en 10 mil millones de córdobas. Pero el ambiente económico hoy no es el misma de hace dos semanas. O sea, aún más desempleo y menos recaudación.

Los caudillos, sus diputados, sus jueces y magistrados, sus fiscales y contralores podrán repartirse el país como quieran. Poco se puede hacer para detenerlos civilizadamente, ellos van a mantener sus privilegios y el control de un país que están terminando de reducir a cenizas.

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