Incierto futuro profesional de bachilleres nicaragüenses

Nasere Habed López

Un futuro profesional incierto aguarda a la mayor parte de los 40,000 estudiantes de secundaria que se bachilleran este año. Esta conclusión se desprende de una encuesta sobre Qué carrera vas a estudiar, dirigida a 1.017 estudiantes del último año de secundaria, de ambos sexos, de institutos nacionales y colegios privados de Nicaragua, en los departamentos de Managua, Masaya, Granada y Carazo, realizada recientemente en el marco del Programa de Orientación Profesional de la Universidad Politécnica de Nicaragua.

De acuerdo con los resultados de esta encuesta, uno de cada cinco bachilleres se matriculará en la carrera de Informática (Ingeniería en Sistemas e Ingeniería en computación). Se estima, por lo tanto, que 8,000 nuevos bachilleres ingresarán a primer año de esta carrera. Es un número exagerado que va más allá de las necesidades de ingenieros en Informática que anualmente puede absorber el país. Lo más probable es que la gran masa de estos futuros profesionales se desempeñe, para sobrevivir, en faenas de carácter secretarial y bajo perfil económico.

Derecho sigue siendo una de las carreras preferidas, no obstante, la notoria saturación de abogados. El siete por ciento de los nuevos bachilleres, es decir 2,800, se matricularán en primer año de esta carrera, congestionando aun más la profesión.

También resulta absurdo que un dos por ciento de los bachilleres de este año, o sea 800 estudiantes, se matriculen en primer año de la carrera de diplomacia y relaciones internacionales. Una de dos –como dice un analista mexicano–: o son hijos de diplomáticos o están locos.

En contraste con lo anterior, casi nadie (menos del uno por ciento) de los encuestados, seguirá estudios humanistas, que denotan vocación de servicio, como son las carreras de magisterio, trabajo social y enfermería. Aquí se impone el salario miserable sobre la vocación, desviando hacia otras profesiones a las personas emprendedoras y talentosas. A la larga, si esto sigue así, salvo contadas excepciones las carreras humanistas serán refugio sólo de los menos capaces y con más bajo nivel de aspiraciones.

Una situación deficitaria presentan también las carreras técnicas, esenciales para nuestro futuro desarrollo, como mecánica, química industrial, ingeniería eléctrica e ingeniería electromecánica, las cuales sumadas todas no llegan al cinco por ciento de las preferencias de los nuevos bachilleres. Las únicas ingenierías que muestran porcentajes aceptables de demanda son ingeniería industrial (cuatro por ciento) e ingeniería civil (tres por ciento).

Una situación más grave plantean las profesiones relacionadas con la agricultura y la preservación de nuestro recursos naturales, que no atraen en su conjunto, ni al dos por ciento de los futuros bachilleres: ingeniería agronómica (uno por ciento); ingeniería agrícola (0.4 por ciento); ingeniería forestal (0.16).

Los resultados de esta encuesta son preocupantes. Revelan desinformación y falta de madurez en los futuros bachilleres. No reciben información suficiente y veraz sobre las perspectivas de las profesiones y se bachilleran a edades tempranas: 15 a 16 años.

Demuestran también que no hemos superado nuestros prejuicios históricos hacia los oficios manuales y trabajos técnicos, los cuales consideramos de baja categoría social. En cambio, valoramos mejor los trabajos de carácter administrativos, en oficinas con aire acondicionado y salarios fijos, como se refleja en los resultados de la encuesta, según los cuales aparecen como carreras preferidas por los bachilleres, además de informática (19 por ciento), la administración de empresas (10 por ciento), la contabilidad pública (8 por ciento), la administración turística y hotelera (siete por ciento) y banca y finanzas (tres por ciento).

Los jóvenes necesitan información y apoyo en la toma de decisiones sobre su futuro profesional, para que puedan enfrentar la vida con mejores posibilidades de éxito y contribuir, asimismo, al desarrollo del país. Creo, por ello, que es fundamental fortalecer el programa de formación vocacional y orientación profesional que el Ministerio de Educación ha venido impulsando desde 1998 y vincular este programa con la necesidad de recursos profesionales que plantea la implementación del Plan Nacional de Desarrollo en que está empeñado el Gobierno de la República.

El autor es psicólogo y catedrático universitario.

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