Freddy Potoy [email protected]
MDRID, ESPAÑA. — El mundo económico se dio cita el lunes en Londres, donde, entre otras cosas, se presenció la fuerte presión que ejerció el presidente de España, José María Aznar por entrar al grupo de los siete países más industrializados del mundo más Rusia.
España argumenta que ha tenido un sostenido crecimiento económico en los últimos años y que se encuentra en el octavo lugar de la economía mundial, delante de Canadá que forma parte del G-7.
Según la revista The Economist, el Producto Interno Bruto de España alcanzará el próximo año los 931 mil millones de dólares, alcanzando así el octavo puesto, Canadá el noveno, la India el décimo y México el undécimo.
En este sentido España está presionando porque se cumpla el Pacto de Estabilidad dentro de la Unión Europea, justo cuando queda menos tiempo para definir la situación de la Constitución europea prevista aprobarse en mayo próximo.
Lo cierto es que España parece estar en una economía de crecimiento fuerte, los servicios públicos son muy buenos, y las inversiones en diferentes rubros de la economía de este país son notorias. De igual forma, el capital español ha trascendido a otros países, incluyendo algunos de América Latina.
El concepto de la Unión Europea en este continente es fuerte. Aquí tratan de respetar los acuerdos o pactos entre los Estados miembros y cuando se da un incumplimiento a uno de los aspectos pactados, la presión es grande para que no se rompa esa armonía.
Pensar que los problemas de la Unión Europea son asuntos de este continente nada más, pues es erróneo porque este lugar de la tierra tiene una férrea batalla por convertir a Europa en una potencia económica para competir con Estados Unidos y las economías más fuertes de los países asiáticos.
En Europa desde hace varios años pujan por sostener en su justa dimensión los servicios económicos de interés general, de tal forma que en la nueva economía de libre mercado, estos son aspectos básicos que las grandes compañías que ofrecen algún servicio no pueden dejar a un lado.
Estos servicios económicos de interés general deben tener una capacidad de cobertura total (servicio universal), calidad, asequibilidad, continuidad y protecciòn a los consumidores. A estos aspectos les dan mucha importancia los Estados miembros de la Uniòn Europea y las compañìas que ofrecen sus servicios, al punto que forman parte de las cláusulas contractuales.
Entonces, en este contexto es que España exige formar parte del G-8 porque ha cumplido con los acuerdos suscritos a nivel comunitario que no son de ahora, sino que se vienen gestando desde hace varias años en Europa.
Este esfuerzo común de varios países de Europa por ser una potencia económica, naturalmente que la pone en una posición privilegiada frente a continentes como el nuestro, donde no hay la mínima intención de unión, y cuando se habla de la economía de Amèrica, pues los ojos se fijan nada más en Estados Unidos y Canadá. La integración de los países europeos y ahora la ampliación de 15 a 15 países pues harán de este continente algo más fuerte frente a países industrializados.