- Sin lugar a dudas hay personas que desarrollan enormemente el don del liderazgo, no se sabe
si el asunto es por el entorno o es genético, pero la realidad es que hay quienes sobresalen ante el resto de sus congéneres. Es el caso de una campesina que ahora es una pequeña empresaria, Ana María Mendoza, nacida y criada en California, una comunidad rural situada a 50 kilómetros al suroeste de Managua y seguramente la única de la zona que conoce Francia.
Gustavo Ortega Campos [email protected]
VILLA CARLOS FONSECA, MANAGUA.- En medio de un calor sofocante, casi al mediodía, Ana María Mendoza, con sus expresivos ojos verdes, no dudó en platicar sobre sus vivencias de productora y pequeña empresaria. Reside en California, pero no en Estados Unidos, sino en la comarca del árido municipio Villa Carlos Fonseca o Villa El Carmen, ubicado al suroeste de la capital, pero pese a su cercanía, el teléfono es un invento que aún no se asoma por esos lugares.
Como dirían los que practican el vocabulario “en buen nica”, a esta campesina sus coterráneos la tildan como una mujer “pencona” y esforzada, la curiosidad llevó a preguntarle eso y respondió: “Si un hombre puede, ¿por qué no una mujer?”.
No es la típica mujer del campo, su porte es más bien un poco citadino, logrado por sus años trabajando como empleada doméstica en Managua y mejorado tras su matrimonio con un profesional de la Antropología, pero pese a esas influencias no ha querido dejar su lugar de nacimiento, porque asegura que permanecerá ahí donde ha logrado salir adelante.
Ella es una de las líderes de la zona gracias a su cercana relación con la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos (UNAG).
La conversación se logró durante una sesión de la Escuela de Campo (Ecam), establecida en la comarca con el auspicio del Proyecto de Manejo Integrado de Plagas de América Central (Promipac) y el Sistema de Educación Técnica Agrícola y Capacitación (SETAC).
—¿Usted es nacida aquí?
—Sí, en California.
—¿Y por qué ese nombre?
—Porque los dueños de este terreno eran la Lillyam Somoza (hija del precursor de la dinastía Somoza), ellos le pusieron así California…
—Entonces fue la reforma agraria (del gobierno sandinista) quien les traspasó a ustedes la tierra…
—La reforma agraria nos distribuyó la tierra a la gente que no teníamos, nos dieron dependiendo de la cantidad de la familia, en el caso mío me dieron seis manzanas.
—¿Siempre se ha dedicado al campo?
—Siempre.
—¿Qué siembra?
—Maíz pujagua, maíz amarillo, yuca y chagüite.
—¿Lo hace sola?
—Lo hago sola porque mi esposo trabaja en un organismo, entonces no tiene tiempo para ayudarme. Él trabaja en el Instituto Centroamericano de la Salud (Icas), él es antropólogo.
—¿Cómo logró estudiar antropología?
—El mismo organismo le ayudó a que se preparara, cuando él entró a trabajar él entró… como le dijera… éste… él entró a trabajar como responsable de un grupo de jóvenes que andaba distribuyendo preservativos en la calle, a partir de esto, las personas con las que trabajaba son unos holandeses, miraron que tenía capacidad y él les dijo que deseaba estudiar esa carrera y le ayudaron a costearle la mitad de la carrera en Managua, él ya tiene nueve años de trabajar con ellos, ahorita está en la frontera de Honduras.
—Entonces no se mantiene con usted…
—Tres días se va a la frontera de Honduras, tres días se va a Peñas Blancas (Costa Rica), él no está estable porque controlan la pasada de los furgoneros y la gente que está entrando, porque ellos controlan mucho lo que es el VIH y el sida.
—¿Cómo es la vida de una mujer que se dedica al campo, a qué horas empieza la jornada?
—Mire, en el caso de nosotras las mujeres del campo, estamos levantadas a las cuatro y media de la mañana, las que tenemos ganado, yo tengo ganado pero ahorita no estoy ordeñando, las vacas andan sueltas, lo primero que hago cuando me levanto es barrer el patio, recoger los trastes sucios y luego que se hala toda el agua del pozo pues me voy a ver todos los animales que están en el patio y al huerto veo si están las vacas y si veo que están completos me regreso a la casa…
—¿A seguir con los quehaceres domésticos?
—No, yo trabajo con unos cerdos de granja, me pongo a lavar sus galeras, les doy de comer, los baño y ya los dejo limpios, trabajo con una pequeña granja de pollos de engorde, también se les da agua… ahí es cuando empiezo la limpieza de la casa, tengo dos niñas que me ayudan antes de irse a clases.
—¿Qué edad tienen?
—Una tiene 17 años, la otra 16 y tengo un varoncito de nueve que estudia computación, ellas me ayudan en lo que pueden…
—¿Ya están en bachillerato las grandes?
—Una ya se bachilleró y otra está en tercer año. La que se bachilleró desgraciadamente se casó, eso fue el año pasado, ahora el año que viene si Dios quiere irá a la universidad.
—¿A qué horas siembra?
—Bueno, después de lo que le decía me toca hacer el almuerzo y seguir pendiente de los animales. En tiempo de siembra como ahorita, pues tengo que buscar un mozo para sembrar las tres manzanas de maíz que sembramos, después la fumigada, la deshierba, todo lo que se hace cuando uno siembra.
—Labores del campo, cuidar ganado… además los quehaceres domésticos, es una faena agitada…
—Pues vea mire, la lavada de la ropa es pesada, entonces digo: hoy no voy a ver dos veces a los animales, sólo voy una, porque dejo la ropa en ace (detergente) cuando regreso me pongo a lavar, yo mido mi tiempo, lo mido y lo controlo para hacer lo que hago y todo lo cumplo en el día.
—Y con los pollos, ¿cómo los vende?
—Yo los distribuyo, me toca ir a dejar los pollos a las comunidades en una camioneta.
¿Su familia es también de productores?
Sí, mis padres eso hacían, pero de ocho hermanos somos tres mujeres y sólo yo me dedico a sembrar, o sea que me gusta el campo y a partir de eso he conocido muchas cosas, cuando empecé miraba que era pesado y no utilizaba las cosas que se utilizaban antes para controlar las plagas, entonces lo sentía más pesado. Pero a partir de que los organismos nos han dado capacitaciones hemos conocido más, me siento que me he superado muchísimo…
—¿Organismos… y del Gobierno qué hay?
—Ah no…
—¿Ningún gobierno?
—No, incluso hemos gestionado la legalización de nuestra tierra y no lo hemos podido lograr, tenemos 20 años de estar sembrando, cultivando esta tierra y no la tenemos legalizada aún, solamente nos dicen espérense, espérense pero ahí nomás.
—¿No teme que se la quiten?
—Nosotros nos hacemos caradura pero yo digo que esto es mío, lo he trabajado, vivo en mi tierra, ahí tengo nada más, esa es mi parcela, ahí cultivo, ahí tengo mi pozo, ahí tengo todo.
—Acá hay una escuela de campo con la que se supone están aprendiendo nuevas técnicas de producción y comercio de sus productos, ¿en qué le ha servido a usted?
—A mí casi no me queda el tiempo para venir, pero las compañeras que asisten les ha gustado mucho porque han conocido más, yo casi no tengo tiempo porque usted viera que es muy corto mi tiempo para trabajar, yo tengo un grupo de mujeres (son 15) que les estoy enseñando a hacer las conservaciones sin químicos, cómo aprovechar lo que es la guayaba, el chilote, las verduras que se hacen en encurtido.
—¿Esas conservas son sin preservantes?
—Sí, son naturales. Yo les he enseñado al grupo de mujeres a hacer eso. También a unos muchachos de la universidad UCA, 22 estudiantes, yo los he capacitado y se han ido muy contentos, ahorita voy a hacer un sondeo de comercialización porque eso es lo más difícil.
—¿Todos estos conocimientos los ha aprendido empíricamente o se ha capacitado?
—Vea, como yo he trabajado con la UNAG, a raíz de que vino un grupo de señores franceses, que vinieron a través del organismo Solidaridad 44, vinieron a ver el campo, supervisaron las fincas y les presenté mis proyectos y confirmaron que era real, entonces dijeron que harían el intercambio llevándome a Francia, en términos de dos meses yo tenía la invitación y me llevaron, eso fue hace tres años.
—¿Fue a capacitarse?
—No realmente, fui a un intercambio, claro que me tocó ir al campo, estuve en París, pero después me trasladaron al campo, conocí mucho y de allá traje la idea de la conserva, yo miré como lo hacían de manera natural sin necesidad de echarle químicos, ni cosas que dañen la salud…
—¿Cómo lo hacen?, porque son perecederos que se descomponen rápido…
—Hay una forma que es la esterilización, se envasa todo hirviendo, se sella, luego se hierve el frasco por media hora…
—¿Con las conservas dentro?
—Sí, después se saca y se seca a lo natural.
—¿Dónde consigue la materia prima?
—Yo siembro chile jalapeño, chile colmillo del diablo en mi casa, igual el pepino y el chilote, pero las cebollas, zanahorias, coliflor y otras legumbres las compramos porque el clima no permite que las produzcamos acá.
—A usted se le mira con mucha chispa, pero cree usted que la mujer está en condiciones de hacer todas las labores del campo…
—Los hombres nos dicen: Sos mujer, vos no podés, pero no es así, todo lo que hacen los hombres lo podemos hacer, el caso es que no en la misma capacidad, ni al mismo tiempo, porque el hombre se pone a rozar y saca un pedazo rápido, nosotras lo hacemos pero no lo hacemos en ese mismo momento.
—¿Hoy en día la mujer va hacia adelante o para atrás?
—Si hablamos del campo vamos hacia adelante, si hablamos de la ciudad no, no discrimino a ninguna mujer, pero en la ciudad la mujer es más haragana porque nos atenemos… por ejemplo aquí el agua la halamos con un malacate, en Managua sólo se abre la paja. Yo me siento mejor aquí, mi esposo es nacido aquí y tiene su familia en Managua, pero yo en ningún momento me iría para allá.
—¿Pero por qué?
—Porque acá cosecho maíz, dejo para el consumo lo necesario, el resto lo guardo en silos, a mediados de agosto o septiembre el quintal está a 300 córdobas, entonces estoy sondeando los precios, inmediatamente que me doy cuenta que se ha disparado me voy y lo coloco.
“MAYRA” Y ABUELA
A sus 39 años, Ana María Mendoza es abuela de un varoncito, primogénito de su hija mayor de 17 años, algo que piensa con una mezcla de alegría y nostalgia por los planes frustrados de momento que tenía con su primer retoño.
Conoció a su esposo cuando estudiaba secundaria nocturna en un instituto capitalino donde logró bachillerarse.
De California a Francia
En ese entonces su compañero de vida era profesor y ella empleada doméstica, desde los 13 años, lo que justifica por la pobreza de sus padres. “Yo tuve que costearme los estudios”.
En el pueblo es conocida como “Mayra”, según explica, ese es el nombre con la que es citada por sus familiares, “pero en la cédula y partida de nacimiento aparezco como Ana María, o sea que tengo dos nombres”, explicó en medio de sonrisas.