Róger Fischer [email protected]
La electrónica moderna ha cambiado el sistema de comunicaciones en Nicaragua. Antes lo más efectivo era un telegrama 22 que dejaba constancia escrita de su contenido y que llegaba a su destinatario con prontitud y certeza. Todavía existen los telegramas ordinarios, muchos de ellos famosos por su contenido. Se decía que el general Emiliano Chamorro cuando necesitaba hombres para sus movimientos bélicos, recurría a la solicitud telegráfica del envío de “voluntarios” y se hacía el chiste que al final del telegrama el solicitante mencionaba los mecates para que los voluntarios llegaran con toda seguridad.
Entre otros telegramas famosos se mencionan el del jefe militar de la Fortaleza de Acosasco en León, quien con motivo del golpe de Estado de Somoza García al doctor Juan Bautista Sacasa, le envió un telegrama a Somoza, diciendo más o menos: “Valientes y aguerridos, soldados deciden rendirse a usted sin disparar un solo tiro”. Otro telegrama muy comentado, fue el enviado por Anastasio Somoza García al rector de la Universidad Nacional y al decano de la Facultad de Derecho en los que les ordenaba: “Examínese y apruébese al doctor fulano de tal…” Algunos amigos comentan todavía el telegrama de un yerno en ocasión del fallecimiento de su suegro, hombre sumamente rico. El yerno, avisaba a su familia en Costa Rica lo siguiente: “Hoy murió mi suegro, los dos pasamos a mejor vida”. Los telegramas servían para aliviar urgencias, dar pésames y manifestar las adhesiones políticas de liberales y conservadores. Todavía recordamos la interminable publicación en el diario Novedades de telegramas somocistas que siendo tantos, el mismo diario señalaba: “y siguen más firmas”. Los telegramas aún existen, pero su uso para presiones políticas y manifestaciones escritas, ha pasado a la historia. Hoy se utilizan los teléfonos celulares para citar, exigir lealtad y obligar a los “voluntarios” convencionales a una fidelidad caudillezca que no permite el desarrollo democrático en Nicaragua.
La verdad, de acuerdo al criterio de analistas políticos, es que entre el sandinismo de Ortega y el liberalismo de Alemán, no hay mucha diferencia, es triste que a la altura del siglo XXI, Nicaragua viva un ambiente político tribal donde prevalece el criterio de dos caciques en detrimento de un país y de su democracia.
Los cacareados amarres que impiden muchas acciones beneficiosas para Nicaragua, continuarán nombrando magistrados, dividiéndose el poder como tajadas de pastel y mostrando hacia el exterior, la imagen de un país deprimido política, económica y moralmente. El gobierno de don Enrique Bolaños, es la contrapartida ética de Nicaragua. El Presidente se proyecta internacionalmente como un líder de la anticorrupción y a pesar de las acciones de los caciques, nuestro país camina y va adelante. Se podrán realizar actividades negativas, se pondrán de acuerdo los caciques, se repartirán puestos y prebendas, pero es superior la voluntad de los nicaragüenses serios, respaldados por instituciones, agencias y gobiernos serios. Así que, aunque pretendan algunos acortar el período presidencial y obstaculizar cualquier gestión de gobierno, no se puede contener la revolución moral que se está dando en nuestra patria.
Estoy seguro que la ciudadanía honesta conformada por liberales, conservadores o políticos de cualquier tendencia, que fueron los que realmente le dieron el triunfo a Bolaños, respaldará en los comicios futuros a quienes considere merecedores de su confianza por sus calidades morales y profesionales.
Corren aún muchas aguas bajo el puente, y los errores que se cometieron en el pasado reciente, no están borrados en la mente de la ciudadanía, si no que, aquellos que defraudaron al país en lo económico y moral, pagarán en las urnas su mal gobierno, como ocurrió en la época de los telegramas y como va a ocurrir en la era de la telefonía celular.
El autor es publicista.