Espejismo en nuestro mercado electoral

Humberto Peralta [email protected]

Recordando un poco, en realidad fueron los mismos sandinistas los que nombraron al voto que los bajó del gobierno: voto castigo o voto antisandinista. Y ese voto ha sido la constante de tres elecciones libres y vigiladas.

El Frente Sandinista es un bloque de electores que ha permanecido, en grado superlativo, firme en la ideología insertada a la población nicaragüense durante la octava década del siglo pasado.

Sin embargo, las elecciones libres, demostraron que había otro bloque igualmente compacto: el sector antisandisnista, una opción opuesta a todo lo que implique gobierno del FSLN. Es la decisión que triunfó mediante la alianza denominada UNO; bloque que antes decía y pedía en silencio, “ya no más FSLN”.

Para los militantes y simpatizantes del Frente, la derrota significó un trauma tremendo, algo inconcebible. Una reacción ante la traumática derrota fue estigmatizar a los contrarios. “Ésos son de la UNO”, decían de forma despectiva y poco amigable.

En 1996, la victoria de otra alianza dio a los revolucionarios la oportunidad de clasificar mejor a sus adversarios. Ahora eran “liberales”, palabra que tenía para ellos connotación de vieja querella.

Arnoldo Alemán y sus consejeros, habían revivido desde la Alcaldía a una facción liberal con la cual aglutinarían después a las demás fuerzas antisandinista.

Al presentarse por segunda vez una opción fuerte, creíble, plenamente identificable como democrática o antisandinista, sin dudar, ésta fue la escogida. Y los propulsores del PLC sabían muy bien que así iba a ser.

En el singular teatro político criollo, dado que la mayoría de la población es opuesta al retorno del partido rojinegro, para ganar las elecciones basta presentar una opción identificable y coherente.

Igual sucedió en las elecciones generales de 2001, nuevamente venció una alianza de partidos alrededor del PLC. Por lo tanto, siendo una alianza ¿cómo llegar a saber la cantidad exacta de los que votaron en la casilla del PLC y a la vez militaban en ese partido? Al no poder definir cifras, entonces es posible que se cometa error cuando se otorgan méritos a un solo partido o facción; y además sería seguirle el juego a los que quieren hacer creer que la gran masa de votantes antisandinistas pertenece exclusivamente al PLC. El adversario del FSLN pudo haberse llamado Partido Liberal y Conservador, y si la mayoría del pueblo lo hubiera identificado como posible ganador, igual hubiera votado por él.

Por supuesto, lo que hace persistir esta especial situación de nuestro mercado electoral es la firme, fiel e inmensa masa de votantes que continúa a favor del FSLN, a pesar que tres veces y con diferencia porcentual similar, ha sido derrotada. Nuestro mercado electoral no es flotante, ni los no-sandinistas van a escoger la casilla rojinegra —aunque sea otro el nombre de su candidato—, ni los “efeselenistas” votarán en otra casilla que no sea la propia. Se trata pues de votos cautivos, repelentes a coqueteos o enamoramientos. Distanciados ambos de la fría abstención electoral, plaga endémica que padecen ciudadanos de otras latitudes. Aquí hasta los enfermos, ancianos e incapacitados ejercen el poder de elegir.

La única forma que tiene el Frente para ganar es que se presenten del lado opuesto, dos opciones identificables como posibles vencedores en la contienda. Allí sí, como se ha repetido, el voto democrático se dividiría, y los revolucionarios contando con un bloque íntegro, de seguro resultarían elegidos.

Llegar a otra conclusión es puro cuento de partes interesadas o podría tratarse de un recurrente espejismo.

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