- Un grupo de estudiantes de la UCA, Dos Generaciones y el Despacho de la Primera Dama se unen para regalarles un poco de niñez a los pequeños
trabajadores del basurero
Angélica Martínez [email protected]
Jugar, pintar, bailar, parecen actividades muy normales y propias de la infancia, pero no todos los niños tienen la oportunidad de realizarlas. Algunos, como Gustavo Arceyut de sólo siete años, aprenden el valor de cada centavo que entra al hogar, a muy temprana edad. Tanto así, que se les olvida que son niños.
Gustavo fue uno de los 35 niños trabajadores de La Chureca, que participó en una tarde infantil que inició en el restaurante de comida rápida, McDonald’s en Plaza España, ayer sábado.
La iniciativa de llevarlos a este lugar partió de un grupo de estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA), que trabajan en conjunto con organismos como Dos Generaciones, en programas de atención a la niñez. María Estela Duarte es parte de este voluntariado y fue quien redactó la carta para solicitar ayuda al Despacho de la Primera Dama, doña Lila T. de Bolaños, patrocinadora de la actividad.
“Queríamos realizarles el sueño de venir aquí (McDonald’s) o mejor dicho mostrarles que estos sitios donde los niños se divierten, existen, porque a lo mejor ni siquiera los habían oído mencionar”, comentó Duarte.
Mientras los niños comían con avidez su hamburguesa, una de las educadoras de Puntos de Encuentro les decía: “Cómanse toda la comida que es suya… Cuidado van a guardar para llevar a su casa”. Según explicó, la advertencia “quitarles esa idea de que siempre tienen que aportar algo en su casa, como si fueran adultos. Esto (la actividad) es para su disfrute… como niños”.
EL BROCHE DE ORO
La tarde culminó en los cines Alhambra, donde les fue exhibida la película Nemo, acompañada de las infaltables palomitas de maíz. Además, recibieron una pelota de juguete de parte de la gerencia.
Para Darling Urbina de 11 años y sus dos hermanos, cuya vida transcurre recolectando basura plástica en La Chureca, este paseo será recordado por mucho tiempo. El costo total de la actividad no rebasó los cinco mil córdobas. Nada, si pensamos que la sonrisa de un niño no tiene precio.