Marvin Saballos Ramírez*
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Güegüense pencón
Marvin Saballos Ramírez*
¡Matateco Dio Mispiales!1(¡Hola, que Dios te proteja!)
Si hay alguna figura que los nicaragüenses hemos adoptado en las últimas décadas como arquetipo de nuestra nacionalidad, es la del Güegüense. Y eso está muy bien, porque todas las personas, todo pueblo tiene modelos de referencia en que se destacan las cualidades deseables, los rasgos particulares que lo identifican y que lo diferencian de otros individuos y pueblos. Pero, ¿es el Güegüense un modelo deseable para imitar?
Una lectura psico-social del argumento básico y común a diferentes versiones de la obra, nos revela que era un emprendedor que viajaba comerciando desde Nicaragua llegando hasta México, Veracruz (en la costa del Golfo de México), Verapaz (Norte y Caribe de Guatemala), pasando por Conchagua (El Salvador), o sea que hacía largos recorridos viajando en mula, en canoa, a pie, enfrentando los peligros y aventuras de una época en la que no existían carreteras, teléfonos, ninguno de los modernos medios de comunicación y transporte.
¿Podemos imaginarnos un viaje así atravesando selvas, altas cordilleras y volcanes, caudalosos ríos? Definitivamente que la obra nos habla de una persona que tenía una recia personalidad, voluntad y audacia. Con sus viajes, el Güegüense además de llevar los productos de una región a otra, estimulando las economías locales, también llevaba las costumbres y artes de cada lugar, tal como lo vemos bailando el son de Puerto Rico. Entonces es también un difusor de cultura, un artista.
El Güegüense también presenta una gran capacidad de supervivencia y versatilidad ante épocas difíciles y de explotación, como lo fue para los indígenas y mestizos la dura época de la conquista y de la colonización europea. El Güegüense tiene que desarrollar múltiples habilidades y oficios: “Como este mi muchacho tiene tantos oficios, hasta las uñas las tiene llena de oficios… ha sido escultor, fundidor, repicador, piloto de alturas, de aquellos que se elevan hasta las nubes… es más, ha sido carpintero, fabricante de yugo, aunque sea de papayo, fabricante de arados, aunque sean de tecomajoche” (parlamentos 155 –159). Como se dice, él resuelve, no se queda lamentando su desgracia.
No es un individuo sumiso. Por el contrario, presenta desde el punto de vista cívico una protesta y denuncia valiente ante la explotación a que eran sometidos por el poder gobernante los habitantes del país. Señala cómo los “señores principales” están en la miseria a consecuencia de sólo vivir en fiestas y le exigen a los pobladores entregar hasta la alcancía. ¡Viejo mal éste de la corrupción de las autoridades!
Presenta una envidiable salud mental, que la demuestra al ser capaz de reírse de sí mismo y de su tragedia, de burlarse de sus explotadores. Por ejemplo, al Güegüense lo citan a presentarse ante Tastuanes (el Gobernador) y entonces el Alguacil Mayor (Jefe de Policía) le ofrece enseñarle los “modales” apropiados para presentarse ante el Gobernador; pero el Alguacil le pide que le pague, le pide un “salario”, el Güegüense finge entenderle “pescado salado”. Le pide “reales de plata” y él entiende “redes de plato”. Le pide “pesos duros” y él entiende “quesos duros”. A esta capacidad de sobrellevar con sanidad mental repetidas situaciones difíciles se le llama hoy “resiliencia”, una cualidad que por lo que se lee en la obra hemos venimos desarrollando los nicas desde muy antiguo.
Este Güegüense emprendedor, de recia personalidad y voluntad, audaz, valiente, habilidoso, artista, humorista ingenioso, sí que me parece un modelo deseable para los nicas. “Así quisiera ser yo cuando sea grande”.
¡Matateco Dio Mispiales!
* El autor es psicólogo social.