Puestos de combustible una bomba de tiempo

Sergio León C.CORRESPONSAL/[email protected] Después de 100 años de haber sido elevada a categoría de ciudad, en Bluefields todavía se expende combustible con baldes y galones, en vez de bombas. Jefe de Bomberos advierte del peligro que esto representa para los 60 mil habitantes de la ciudad caribeña. Bluefields, una ciudad pequeña y con unos 60 […]

Sergio León C.CORRESPONSAL/[email protected]

Después de 100 años de haber sido elevada a categoría de ciudad, en Bluefields todavía se expende combustible con baldes y galones, en vez de bombas.

Jefe de Bomberos advierte del peligro que esto representa para los 60 mil habitantes de la ciudad caribeña.

Bluefields, una ciudad pequeña y con unos 60 mil habitantes, prácticamente se encuentra “plagada” de puestos de combustibles que operan sin la autorización del Cuerpo de Bomberos y mucho menos de las autoridades edilicias.

En esta ciudad, cabecera de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) , existen ocho puestos de combustibles ilegales y tres gasolineras legales, lo que a juicio de los bomberos representa un serio peligro.

Las “gasolineras” ilegales se encuentran distribuidas de la siguiente manera: dos en el barrio central (una en el muelle y la otra en las instalaciones de la UNAG), una en el barrio Pointeen, dos en Pancasán, dos en el barrio Fátima y otra más en el barrio San Mateo.

QUE LOS CIERREN

“Estos ocho puestos de combustible funcionan en la ciudad sin las más mínimas condiciones de atención. Ya le he advertido a la Alcaldía para que proceda a cerrarlos. Si algo pasa en la ciudad a nosotros que no nos echen la culpa porque Bluefields se ha convertido en una bomba de tiempo”, se quejó el jefe del Cuerpo de Bomberos de la ciudad, capitán Jorge Avilés Zeledón.

BALDES EN VEZ DE BOMBAS

Y es que a pesar que Bluefields, el pasado 11 de octubre, arrimó a su primer centenario, la mayoría de sus expendedores de combustibles realizan sus trabajos de servicio a sus clientes usando baldes o galones, en vez de bombas con sus respectivas máquinas de almacenamiento.

“Si en Bluefields ocurre un desastre que no le echen la culpa al Cuerpo de Bomberos porque las autoridades ya están informadas de todo y quien pueden detener a estas personas de seguir vendiendo combustible sin las más mínimas condiciones es la Alcaldía auxiliada de seguridad pública de la Policía Nacional”, señaló.

El bombero aseguró que ha orientado a los dueños de estos expendios ilegales para que asuman las normas que estipula el Instituto Nicaragüense de Energía (INE), “cada puesto de combustible debe operar con sus respectivas máquinas y bombas respectivas. Deben tener sus tanques por debajo de la tierra”, explicó Avilés.

PERMISO, SÓLO A LOS QUE LLENEN REQUISITOS

Añadió que “ya no les vamos a seguir girando permisos de operación. Hemos puesto en conocimiento de esto a la Policía Nacional, a la Alcaldía y al Ministerio de Salud local”.

“La única manera que nosotros podremos girarles permisos es que ellos cumplan con la nueva modalidad de trabajo de INE. El ente regulador les exigirá una serie de medidas que tendrán que cumplir. Después que cumplan con esos requisitos nosotros inspeccionaremos y evaluaremos darles el permiso o no”, sentenció el jefe de los Bomberos en Bluefields.

En tanto Marcelo Ocampo Woo, propietario de uno de estos puestos ilegales, acusó al Cuerpo de Bomberos de tener influencias con Petróleos de Nicaragua (Petronic) “y que por consiguiente estarán siempre a favor del jefe de la Policía de Matagalpa comisionado Dean Dixon, quien es el dueño de dos gasolineras (legales) de la ciudad”.

“Dixon quiere monopolizar la venta de combustible en Bluefields, por eso los bomberos con la Alcaldía nos quieren hacer desaparecer . Ellos trabajan con el Estado, nosotros somos pequeños negociantes y por tanto no podemos competir con ellos”, adujo Ocampo.

Sin embargo Laly Dixon, administrador de dos de las gasolineras legales de Bluefields, que se dice son propiedad de Dean Dixon, aseguró que el comisionado nada tiene que ver con los problemas de Bluefields.

“Nosotros somos los responsables. Dean nada tiene que ver. Él es un socio más de estas gasolineras. Quienes se están metiendo a regular a estos expendedores es el INE. Ellos también nos regulan a nosotros. INE lo que está buscando es prevenir algún problema que se pueda dar en la ciudad”, anotó Dixon.

Reconoció que “sabemos que nosotros no tenemos la adecuada capacidad para abastecer a los clientes de la ciudad. Nosotros no estamos en contra de los expendedores. Pero cuando tengamos la capacidad ellos desaparecerán solos”, sentenció Dixon, hermano del comisionado Dean Dixon.

Por su parte el propietario de la otra gasolinera legal, Humberto Levy Evans, coincidió con los bomberos sobre los riesgos que representan los puestos de combustible ilegales.

“Quisiera saber a ciencia cierta quién o quiénes los están protegiendo”, agregó el empresario.

LOS REUBICARÁN

El gerente de la Alcaldía de Bluefields, Noel Acosta Montoya, dijo que esa entidad no quiere desmantelar los expendios de combustible que hay en esa ciudad, pero aseguró que les exigirán su reubicación para garantizar la seguridad de la población.

“Si nos descuidamos estaríamos corriendo el riesgo de una catástrofe en la ciudad, porque no es posible que en Bluefields todavía sirvan combustibles en galones o en baldes”, manifestó Acosta.

EL INCENDIO DE 1970

En 1970, exactamente el 4 de enero, la ciudad de Bluefields, sufrió uno de los más devastadores incendios. Este siniestro le causó la muerte a un niño de nombre Denis Navas, hijo de uno de los agentes de este Diario, señor Santiago Navas.

El fuego comenzó en la tienda de Santiago Navas, en la calle del comercio, Barrio Central, a las 10:30 a.m., debido a un error de personas que manipulaban gasolina (puesto de combustible). El incendio fue extinguido hasta en horas de la noche del mismo día.

En ese entonces fueron arrasadas por el fuego cuatro manzanas las arrasadas, 103 casas se quemaron dejando damnificadas a igual número de familias. El comandante de Bomberos de aquel entonces Salvador Gallo, relató: “Se manipulaba gasolina y uno de los que lo hacía prendió un cigarrillo que pretendía fumar, y provocó la explosión inmediata”.

“Para dar un ejemplo de la volatilidad de la gasolina, una pinta de ese combustible derramado en el suelo genera un vapor de gas que se expande y tiene una fuerza explosiva de una candela de dinamita y provoca una onda expansiva, cuyas llamas pueden alcanzar los 100 metros a la redonda”, asegura el capitán Jorge Avilés Zeledón.

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