Cine

William d’Arbelles Leí el comentario de Angélica Martínez (¿Por qué vamos al cine?) en LA PRENSA del domingo 9 de noviembre y concluyo que tiene razón. Yo vivo en Ottawa, Canadá, y me encanta el cine. El éxito de una película reside en la audición, en cambio la calidad reposa sobre el director. He notado, […]

William d’Arbelles

Leí el comentario de Angélica Martínez (¿Por qué vamos al cine?) en LA PRENSA del domingo 9 de noviembre y concluyo que tiene razón. Yo vivo en Ottawa, Canadá, y me encanta el cine. El éxito de una película reside en la audición, en cambio la calidad reposa sobre el director. He notado, para apoyar mi criterio, que actores canadienses, en particular los de Quebec, no son tan malos, pero nunca he logrado visionar enteramente una película quebequiana, son minables. Sin embargo he visto a los mismos actores dirigidos por franceses, gringos o de otras provincias canadienses como Ontario, Colombia Británica o New Brunswick, y el resultado es diametralmente diferente. La taquilla desgraciadamente la juega el actor y de ello resultan los salarios astronómicos de 10, 15 20 millones de dólares, lo que deja al director con un margen restringido y se ven imposibilitados de rechazar dirigir películas que no se ajustan al criterio de ellos.

Lo de la producción del filme sobre Rubén Darío que estuvo en vías de realizarse, creo que el guión lo escribió el doctor Francisco (Panchito) Mayorga y yo tuve el agrado de leer el libro escrito por él mismo que se intitula La puerta de los mares. Es prodigiosamente bueno, muy ameno y de fácil lectura. Desgraciadamente ocurrieron acontecimientos que entorpecieron el curso. Se mencionaron entre los figurantes a Antonio Banderas, como dice Angélica, y a Anthony Hopkins. En todo caso el cine tradicional está un poco decadente, dándole lugar a las mega producciones taquilleras llenas de efectos especiales.

Pero por los cien córdobas la experiencia no es gratis aunque mala sea.

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