ACAN-EFE
GUATEMALA.- Oscar Rafael Berger Perdomo es un próspero empresario que aspira gobernar Guatemala con honestidad, y promete mano dura contra la corrupción.
Conocido con el mote de el “Conejo”, este abogado y notario de 57 años de edad, fue alcalde de la capital durante ocho años (1991-1999), y fue candidato a la Presidencia por primera vez en 1999 por el entonces oficialista Partido de Avanzada Nacional (PAN).
Sin embargo, en esos comicios fue derrotado por el candidato del opositor Frente Republicano Guatemalteco (FRG), Alfonso Portillo, apadrinado por el general golpista José Efraín Ríos Montt.
A raíz de su derrota, Berger comenzó a alejarse de los dirigentes del PAN, partido con el que rompió a principios del 2003, por diferencias con su actual liderazgo.
Los Partidos Patriota, Reformador y de Solidaridad Nacional, todos de derecha, integraron la Gran Alianza Nacional (Gana) y convirtieron a Berger en su candidato presidencial.
Con cara de bueno, campechano y apasionado por la agricultura, Berger parece el candidato perfecto del sector privado, de acuerdo con sus adversarios, y lleva como compañero de fórmula al ex canciller y académico Eduardo Stein.
Nacido en la capital el 11 de agosto de 1946, Berger es hijo de una familia acomodada de ganaderos, asistió a los mejores colegios y a una universidad privada, fue seleccionador nacional de beisbol y está casado con Margarita Wendy Widmann Lagarde, con quien ha procreado cinco hijos.
Con la honestidad y sencillez como sus cartas de presentación, al candidato presidencial del Gana sus detractores le critican su debilidad en la toma de decisiones, falta de disciplina, su improvisación y falta de carácter en momentos críticos.
A juicio de su amigo pero también rival político Fritz García, candidato presidencial del Partido Unionista (PU), Berger es un buen hombre, pero se deja influenciar por grupos de poder.
No obstante, el candidato presidencial del Gana sostiene que de ganar la primera magistratura, él es quien mandará en su gobierno.
“Seré un gobernante muy distinto”, asevera Berger, quien se define como un hombre hogareño y católico, y quien sueña “ver sonreír a la mujer del altiplano, sin sufrimientos, y con niños bien alimentados”.
Lo llaman el “Conejo’’, porque, según recuerda, de estudiante iba a los partidos de beisbol y le gustaba recoger las pelotas, para lo cual debía saltar una cerca que protegía la cancha. “Un día alguien me dijo: apúrate conejo, y desde ese momento todo mundo me cargó con el sobrenombre”, recuerda.
Sin duda, el “Conejo”, espera dar su último brinco, este año a la Presidencia de Guatemala.