Cafta, ¿arma de doble filo?

John Ricardo Head Flores

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Cafta, ¿arma de doble filo?


John Ricardo Head Flores




La globalización, al igual que la revolución industrial en su momento, se ha convertido en un fenómeno comercial con amplio espectro de influencia. Esto se pudo observar de manera clara desde inicios de la década noventa del siglo recién pasado, en el aceleramiento de los procesos de integración socioeconómicos y políticos como el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (NAFTA), el Mercosur, o la misma Comunidad Económica Europea. Sin embargo, la premura por alcanzar los beneficios otorgados por la creación de bloques económicos, como los antes mencionados, podría convertirse en un arma de doble filo.

Hay que recordar que cuando se habla de tratados comerciales con la envergadura del (Cafta), en el que se involucran países (como los centroamericanos) con diferentes políticas y enfoques productivos, se corre el riesgo de tomar decisiones erradas durante las negociaciones. Sin dudar, en ningún momento, de la capacidad de negociación de los representantes de Nicaragua, tampoco dudo que éstos se hubiesen encontrado en una posición mucho más favorable si hubiesen tenido más tiempo para presentarse, en concordancia con las delegaciones de los otros países centroamericanos, como un bloque negociador más sólido en el que las estrategias de especialización de cada uno de los países estuvieran más acorde con un plan de estrategia regional ante la delegación de EE.UU.

Es de imperativa relevancia reconocer que debido a la política de especialización sectorial adoptada por los países centroamericanos a mediados del siglo pasado, los intereses de un país predominantemente más industrial, como El Salvador, no son los mismos de un país primordialmente agrícola, como Nicaragua; o que los intereses pecuarios de este último, en donde el énfasis es otorgado al sector de carne bovina, sean los mismos a los de un país también agropecuario, como Costa Rica, en donde el énfasis es otorgado en el sector de carne porcina.

En cuanto a los efectos indirectos de la entrada en vigencia del Cafta, algunos críticos argumentan de manera muy razonable que éste ahuyentaría a los cooperantes europeos. La lógica está en el hecho que un TLC crearía una zona de protección arancelaria para los productos importados de Estados Unidos. Es decir, se crearían las condiciones para que los productos norteamericanos tuviesen predominancia sobre los europeos en la región. Esto se daría gracias a la reducción y eventual desaparición de los aranceles de importación con las que los primeros son actualmente grabados.

Por otro lado, hay que reconocer el momento en el que nos encontramos. El país no ha entrado a un TLC con Estados Unidos, todavía. Esto significa que se puede y debe promover aún más la inversión europea en el área. Algunos se preguntarán: ¿cómo y por qué los europeos harían tal cosa particularmente cuando su mercado de consumo se inclina a productos de la competencia? La respuesta es simple. Si la inversión europea se hace en territorio centroamericano, particularmente antes de la entrada en vigencia del TLC, entonces Centro América se convertiría en una plataforma de exportación de empresas europeas hacia Estados Unidos. De manera que la creación de incentivos para la inversión europea crearía un efecto simbiótico magnificado, en el que Nicaragua se vería particularmente beneficiada por la generación de empleos y el eventual incremento de las exportaciones de productos europeos hechos en Nicaragua, hacia Estados Unidos.

En cualquiera de los posibles escenarios es necesario hacer las valoraciones pertinentes con relación a los costos de oportunidades que éstos representan. Esto, sin embargo, debe hacerse de manera detallada y con el tiempo suficiente, puesto que los tratados comerciales de esta magnitud pudiesen convertirse en armas de doble filo.

El autor es vicegerente general de la fábrica de Hielo Cristal.

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