Gustavo A. Blandón Vijil gablandon@teran
Hace unas semanas cuando me dirigía a mi casa en la Carretera Sur, fui detenido por un agente de tránsito en el puesto ubicado en el Km 9 de la misma carretera. Eran las 6 de la tarde y sólo llevaba encendidas las luces bajas, pero un diligente agente de tránsito me detuvo para llamarme la atención y pedirme que encendiera todas las luces ya que a pesar de la hora el ambiente se encontraba muy oscuro. A mí me pareció muy bien y procedí de inmediato a lo que me había pedido.
El 5 de noviembre a eso de las 4:15-4:30 p.m. nuevamente me dirigía a mi casa —sólo que esta vez me encontraba en el Km 31/2 en el semáforo de la Texaco Guanacaste— cuando un busero de la ruta 113 sin más ni más hizo caso omiso del semáforo, que estaba en rojo. En ese momento quise que aquel diligente agente de tránsito que alguna vez me había detenido estuviera allí para reprender al busero, cuando de pronto ese deseo se hizo realidad y a lo lejos divisé a uno; justamente frente a la Embajada de los Estados Unidos, así que le dije a mi acompañante que acelerara y diéramos aviso de dicho incidente.
Y así fue, nos detuvimos, bajé mi ventana, relaté lo acontecido y confiadamente arrancamos esperando que el oficial tomara cartas en el asunto, y adivinen qué hizo… ¡absolutamente nada!
Fue tal mi enojo, que me arrepentí de no haber anotado el número de placas de dicha unidad y al mismo tiempo el número de chip del agente de tránsito, pero ahora me conformo con esperar que esta carta sea leída por las autoridades policiales y tomen las medidas pertinentes, porque definitivamente que si la Policía que se supone es la ley no hace caso a denuncias hechas por nosotros, entonces ¿para qué están?