Barreras del Cafta

Douglas [email protected]

La falta de integración de los países de Centroamérica y los subsidios a la producción agrícola estadounidense, son dos razones que esgrime Sinforiano Cáceres para considerar el tratado de libre comercio entre el istmo y Estados Unidos como una “aventura muy riesgosa”.

Cáceres, quien se dedica a documentar los problemas agropecuarios nicaragüenses, acaba de publicar el libro Lo agrario y los TLC, en que señala las pocas posibilidades de Centroamérica para competir en ese campo.

El estancamiento productivo es evidente. Las exportaciones agropecuarias totales del istmo, que en 1996 representaron 1,331 millones de dólares, bajaron en el 2001 a 1,164 millones, mostrando una reducción de 167 millones de dólares.

Costa Rica es el país que más vendió en Estados Unidos en el 2001, consiguiendo ingresos por 436.5 millones de dólares, seguido de Guatemala que ganó 370 millones. Nicaragua apenas exportó al país del norte el equivalente a 59 millones de dólares.

Por eso Cáceres propone que los países centroamericanos dialoguen con Estados Unidos, en busca de un acuerdo más político que económico para obtener una cooperación integral y entrar con mejor pie al comercio libre.

Mientras los agricultores centroamericanos tienen que ajustarse a un financiamiento menor de 400 dólares por año, los estadounidenses y europeos reciben una media de 21 mil y 16 mil dólares al año, respectivamente, en forma de subsidios, afirma Cáceres.

Más del 50 por ciento de las exportaciones mundiales de maíz la realizan los Estados Unidos, a veces con un precio que puede ser igual al 20 por ciento del costo de producción.

Asimismo, la Unión Europea, el mayor exportador mundial de leche desnatada en polvo, exporta a precios que representan el 50 por ciento de los costos de producción.

Centroamérica, por ahora, está incapacitada de aprovechar todas las oportunidades del comercio libre, razón por la que Cáceres sugiere “no pedir o negociar algo que no vamos a tener capacidad de usar”.

Creo, sin embargo, que el Cafta, como llaman al acuerdo con EE.UU., es inevitable y, además, le abre a Centroamérica la posibilidad de acceder a mercados importantes. Así que los países del istmo tienen que asegurar, desde ya, tanto los negocios inmediatos como los futuros, en la medida de lo posible.

La cooperación económica exterior también es necesaria, igual que el esfuerzo interno por invertir mejor esos recursos y los propios, antes que las nuevas deudas se tornen impagables, porque esto acentuaría el estancamiento productivo.

Nicaragua, el país del istmo con menos tecnología, requiere inversiones de capital en el agro, tanto privadas como públicas, para diversificar y aumentar su producción con menos costos y más calidad.

Recordemos sí, que este país recibió un promedio de 500 millones de dólares por año como ayuda exterior, durante la última década, y ahora está pidiendo el doble. Su estancamiento, me parece, tiene razones más fuertes que la falta de dinero. Su inversión falló.

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