¿Van a renunciar?, ¡pa’luego es tarde!

Eduardo Enrí[email protected]

El pueblo nicaragüense –ese que según una funcionaria de la Embajada de Estados Unidos está preocupado sólo por su próximo plato de arroz– debe estar que tiembla. Según la Casa de la Presidencia, si se aprueba la Ley de Regulación Salarial, muchos ministros van a renunciar a sus cargos. ¡Qué miedo!

Habría que verlo, pero estoy seguro que nada se va a perder si renunciaran en pleno. Y eso no sólo va por el Ejecutivo, sino por los otros Poderes y las municipalidades también. Porque la verdad es que el Estado en este país no funciona, así que con esas renuncias sólo se puede ganar.

Ejemplos de esa inoperancia abundan: los taxis no pagan el seguro obligatorio porque no quieren, entonces les dan prórroga. Los buses son incontrolables tanto en Managua como a nivel nacional y nadie dice esta boca es mía. En las protestas del seis por ciento se usan hasta armas hechizas, hay policías heridos y nadie es responsable. Y así, si recorremos cada una de las responsabilidades de los distintos Poderes, vemos que la ineficiencia campea.

Entonces, que no crean que con esa amenaza están preocupando a alguien, porque lo mínimo que podríamos pedir es que se les pague por lo que hacen. O sea, si el Estado fuera una empresa privada, como al Presidente le gusta decir, estos señores: diputados, magistrados, ministros, alcaldes, etc., tendrían que rendir. Tendrían que mostrar resultados y con los resultados que muestran hasta ahora, pues la verdad es que su salario es demasiado alto.

Ahora, me pueden decir que hay uno que otro funcionario eficiente, “brillante”, entregado a sus funciones correctamente. Pero eso no es razón suficiente para recibir un megasalario, porque estoy seguro que hay muchos médicos, enfermeras y maestros que tienen todas esas características y no por eso reciben un megasalario. Otra cosa, si la “brillantez” de dichos funcionarios fuera cierta, ya la habrían demostrado en el sector privado, pero la verdad es que generalmente no es así.

Además, nuestro Estado ha llegado a tal nivel de corrupción que pensamos que trabajar en un alto cargo es sinónimo de haberse sacado la lotería, de hacerse millonario en unos cuantos años. La verdad, en los países que progresan, los altos cargos no hacen millonario a nadie, y no por eso esos Estados son manejados de manera ineficiente.

En “Greenspan”, el libro del periodista del New York Times, Bob Woodward, sobre el casi mítico presidente de la reserva federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, leí con asombro que al renunciar su predecesor, Paul Volcker, se fue a vivir con su esposa enferma a un pequeño apartamento “como de estudiante” en Nueva York, que ni siquiera tenía aire acondicionado. “Después de toda una vida dedicada casi por completo al servicio del gobierno, (Volcker) no tenía demasiado dinero”, escribe Woodward.

Estamos hablando del presidente del Banco Central de la nación más rica del mundo, un hombre muy poderoso, que tiene en sus manos el rumbo de la economía de Estados Unidos. Este hombre con esa enorme responsabilidad sale a vivir a un pequeño apartamento.

En cambio aquí, la “casta” gobernante cree que por el hecho de ser un alto funcionario tienen que convertirse en millonarios a costa de nuestros impuestos. ¡Por favor! Pongan los pies sobre la tierra. Y renuncien en masa si quieren, que nada va a pasar.

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